En este Arbol Verde semifinalista del Federal C falta de todo pero sobra pasión. Solo así se entiende el porqué el equipo del Barrio Cabot se puso a cuatro partidos de lograr el ascenso al Federal B, tras dos temporadas en el ascenso de la Liga Sanjuanina y prácticamente renaciendo de sus propias cenizas. Falta de todo y sobran ejemplos para asumir la cruda realidad con la que se manejó en este certamen desde enero. Favio López, uno de sus baluartes, entrena con ropa propia y su humildad se deja ver en los huecos de las zapatillas Topper tenis que poco le ayudan a hacer pie en el piso de la cancha arbolina, pero Favio pone todo en cada práctica. Traba, se tira, mete. Total, como buen producto de Arbol Verde, su ADN sabe del sacrificio.
Al plantel que conduce hoy Alejandro Murciano lo armó Beto Gómez en la pretemporada pero ese ciclo se truncó y Murciano aceptó el desafío. Sin presupuesto, sin ropa para entrenar, se fue consolidando un grupo con chicos del club y el aporte del Fino Balmaceda, Julio Gutiérrez y Emmanuel Bravo como los más experimentados. De esa mezcla, salió esta versión combativa de un plantel que no cobra sueldos, que apenas se conforma con premios de no más de 300 pesos y que disimula todo con las ganas de conseguir algo grande.
Murciano define su equipo en una sola palabra: humildad. Para todo y en todo porque no saben todavía si podrán viajar el sábado a Mendoza o tendrán que irse el mismo domingo para jugar con Andes Talleres: ‘Este grupo es sensacional. Los chicos me sorprenden todos los días porque nadie pone cara fea cuando no hay nada para entrenar. Después, en la cancha, me demuestran que saben lo que exige esta camiseta y para mi es un orgullo estar con ellos. Vamos a intentar llegar lo más alto posible pero creo que con lo que ha hecho han dejado bien en alto el sentimiento que despierta Arbol Verde. Porque acá se siente la camiseta y este plantel lo demuestra todos los días y se merecen más’.

