"Luz, cámara, acción...". Casi que fue como una película. Una noche mágica. Inolvidable. Distinguida. Con puntos de alta emoción. Armada y disfrutada para y por todos. Con los sanjuaninos orgullosos porque pasaron a ser una ventana al mundo. En este caso, deportiva. Que no salió todo perfecto, eso está claro. Al fin y al cabo los grandes e históricos momentos lejos están catalogados como los ejemplos de la perfección.

Dos detalles en especial incidieron para que la noche resultara redonda. Primero, que aquel error que se haya presentado queda subsanado por el justificativo que no hubo mucho tiempo para la organización. Que fue todo repentino y hasta el show, en su generalidad, resultó similar (en medida sintética) al que se organizó para la Fiesta del Sol.

Y, segundo, porque los actores que cerraron el espectáculo -en este caso los jugadores de la Selección argentina de fútbol- dieron una cátedra de efectividad y, tal vez sin brillar, cumplieron con creces goleando a Venezuela. Todo dentro de un partido al final atractivo que, se entiende, estuvo a la altura de un amistoso.

Esos dos puntos -el organizativo y el deportivo- en definitiva encerraron una noche exitosa y coincidieron con la puesta en escena de un guión indudablemente popular. Es lógico, lo que se presentaba era el Estadio del Bicentenario, una obra majestuosa que desde antes de ayer mismo se levantaría como un nuevo monumento para el orgullo sanjuanino, sumándose a otros que ya tienen sus raíces.

Como suele ocurrir en éstos casos, desde varios días atrás ya se hablaba de la fiesta. En los bares. En los pubs. En las Escuelas. En la reuniones familiares. En los trabajos. En todos los rincones de San Juan, en definitiva. Tanto que se dio aquello de la fiebre por conseguir entradas. Todo el mundo quería estar. Y eso, justamente, debe haber incidido para que el entusiasmo sobrepasara la situación.

Igual, los miles que tuvieron el privilegio de estar adentro del Estadio, jamás olvidarán la noche. Algunos tal vez rabiaron por tener que ver todo parados. Pero seguro, ya a esta altura, apenas un par de días después, le deben estar contando, satisfechos, lo que vieron -y vivieron- a todos los conocidos que no lo hicieron.

La iluminación se mostró notable. La categoría del acto inaugural igual. Los pibes protagonistas parecieron actores experimentados. El color de la escena y el calor de la música contagiaron. El Himno Nacional cantado por el sanjuanino Daniel Ahún conmovió. Las lágrimas de la presidenta Cristina y las palabras a flor de piel del gobernador Gioja inflaron de orgullo a los sanjuaninos.

Estuvieron todos. Los conocidos. Los que siempre van a una tribuna. Y hasta los que nunca están. Fue una conjunción de voluntades. Unos, para cumplir con lo que se pudo en la organización que se armó. Y, otros, para gozar de una noche inolvidable. ¿Para qué más? Lo cierto es que el Estadio del Bicentenario se alza orgulloso en Pocito. Aunque todo San Juan lo siente y lo vive como propio.