Orgullo. Esa es la palabra que serviría para sintetizar cómo estuvieron vestidos todos los albardoneros. Desde su intendente Juan Carlos Abarca hasta el propio presidente de la Liga Albardón-Angaco. Era orgullo a flor de piel. Es que tener en funcionamiento el Polideportivo Albardón terminó siendo la fiesta del pueblo porque nadie quiso perderselo. Desde cada uno de los clubes de la Liga que tuvieron la venta de cada puesto de gaseosas hasta los mismos efectivos de la Seccional 18 de la Policía de San Juan que esta vez prestaron gustosos el servicio de seguridad. Era la fiesta de Albardón y para todos.

