Son una marca registrada de cada club. Uno llegó desde su Santa Fe natal para consagrarse con la banda cruzándole el pecho y el otro, desde su amado Devoto, para también dar un par de vueltas olímpicas, en su caso con la azul y oro en el tórax. Se trata de Leopoldo Jacinto Luque (65 años) y Enrique Hrabina (52 años), quien también tiene un amplio reconocimiento en nuestra provincia por haber dirigido a San Martín hace un par de años.
El exdelantero y el exdefensor charlaron con DIARIO DE CUYO en la previa del Superclásico de hoy. Recordaron aquellos choques anteriores, donde cada uno tuvo la chance de anotar un gol que los marcó para toda la vida. Coincidieron en que “es una sensación única” jugar un Superclásico, incluso Luque, campeón Mundial con Argentina en 1978, destacó que es algo “distinto a todo lo que viví en mi vida”.
“En cada profesión siempre hay cosas importantes como objetivo. Puedo decir que jugar un River-Boca no tiene comparación con nada”, subrayó Luque, desde Mendoza, donde se encuentra radicado desde hace más de 25 años. “Jugar esta clase de partidos es una fiesta. Por el marco, por la repercusión, porque hacer un buen partido te puede cambiar la vida. Es algo único”, puntualizó el Ruso, también vía celular, pero en su caso desde Capital Federal donde vive actualmente.
Ninguno de los dos se formó en las inferiores de éstos clubes, aunque igual están muy identificados con River y Boca. La gloria que cosecharon los llevó a eso: Leopoldo estuvo desde 1975 a 1980 con el Millonario, marcando 75 goles en 176 partidos y sumó 5 títulos (Nacional ‘75 y ‘79, mas los Metropolitano del ‘77, ‘79 y ‘80); Quique se calzó la camiseta xeneize durante siete años (‘85 al ‘92, cuando se retiró del fútbol) y se consagró en la Supercopa ‘89, Recopa Sudamericana ‘90, Copa Master ‘89 y Clausura ‘91.
Más allá de la popularidad que hasta el día de hoy tienen con los hinchas, para ellos hubieron dos gritos que dejaron una huella en sus trayectorias. “Debuté con la camiseta de River el 21 de setiembre de 1975, por la primera fecha del torneo y en la Bombonera: ganamos 2-1, con el segundo gol hecho por mí. Arranqué con el pie derecho en el club y con los hinchas. Siempre con Boca me fue bien, tengo muy lindos recuerdos”, enumeró Luque. En el caso de Hrabina, hay un alarido en su memoria que es más que especial: “Uno de los dos goles más importante de mi carrera fue contra River. Fue en el verano de 1987, recién llegaba Menotti de técnico a Boca, e íbamos perdiendo en Mar del Plata 3-1. En tiempo cumplido descontamos y en el tercer minuto adicionado, tras un córner, de cabeza puse el 3-3. No me lo olvido más ese momento”, tiró el exlateral izquierdo, cuya marca y rudeza son un motivo de culto de ‘la mitad más uno’.
En el fútbol actual, muchas veces ‘la cuestión’ para los protagonistas es elegir entre ganarle el partido al clásico rival o quedarse con el título. “Cuando dirigí en Tucumán a Atlético me mataban a preguntas con eso: yo les decía a los periodistas que el partido con San Martín era en la fecha 13, entonces ‘¿qué hacíamos con las doce primeras?’ No se puede elegir una u otra. En Boca, y en River también, hay que ganar siempre”, expresó Quique.
Otra disyuntiva eterna es cuando un equipo llega mal al superclásico si salva el año ganándolo. Luque dijo: “no es así. Por más importante que sea ganarle a Boca, no salvás el año. Es un envión muy fuerte en lo anímico, pero si hiciste todo mal y le ganás solo a Boca, la bronca va a estar bien presente”.
Se viene otra edición del superclásico y Luque y Hrabina comenzaron a vivirlo junto a DIARIO DE CUYO.

