Lo perdía, después lo ganaba y, al final, lo terminó empatando. San Martín no pudo darle forma a una nueva victoria en Concepción y, en el vaivén de las emociones, terminó sufriendo un empate (2-2) en el descuento ante Atlético Rafaela. Y lo que parecía cerrarse en una fiesta, dejó perplejos a todos.

Lástima, porque ese empate le significó perder la punta a manos de otros dos que ayer sí ganaron: Unión de Santa Fe e Instituto de Córdoba. El Verdinegro deliraba por esos dos zapatazos impresionantes de Mariano Torresi, que sirvieron para dar vuelta un tablero que parecía condenatorio (Rafaela ganaba 1-0 con gol de Juárez, a los 4′ del complemento). Y que, a 15′ del final, dejaba al local con las manos vacías.

Pero en esa última recta horaria, entró Penco, siguió moviéndose bien Becerra, Cuevas fue más incisivo y apareció la figura estelar de Torresi. Entonces aquel tablero se dio vuelta casi impensadamente en 6 minutos. Primero, a los 30′, Cuevas le bajó la pelota casi sin querer al mendocino y Mariano le dio con alma y vida y la incrustó en un ángulo. Golazo. Y la explosión en el Pueblo Viejo.

La visita sintió el impacto y, como San Martín se inyectó justamente con ese gol, llegó un lapso electrizante. El que culminó cuando la defensa de la Crema despejó mal un centro de Cuevas y, Torresi, que enganchó y se acomodó, metió un sablazo espectacular que se coló en el otro ángulo del sorprendido Sara.

El delirio invadió el escenario. Rafaela salió como un león herido y San Martín se defendió con uñas y dientes. Llegó el tiempo de alargue y todo parecía terminar en alegría. Pero apareció un verdugo del Verdinegro -Matías Gigli- y mandó al fondo una pelota que el propio arquerito Pérez había despejado.

Al equipo de Hrabina le quedó resto para ir al frente. Tanto que Torresi casi emboca el tercero. Pero la historia se terminó escribiendo con un empate, en la frialdad del análisis, ciertamente justiciero.

Es que la visita tuvo más la pelota en el primer tiempo y también la administró mejor. Y hasta los 30′ del complemento se encaminaba a la victoria. Después llegaron los zapatazos y San Martín se relamía. Pero ese gol de Gigli enfrió el ambiente. Lo dejó como la noche. Igual San Martín, esta vez con corazón más que con fútbol, sumó. Eso sí, no de a tres como quiere en casa. Algo que le hubiese servido para seguir puntero sin compañías. Y ahora, vaya paradoja, lo mira desde atrás.