
A los 12 años su padre le sugirió que eligiera entre el hockey sobre patines, deporte que abrazó a los 4 años en el Sandrigo, club de su ciudad, en Vicenza, Italia. La trascendencia del ciclismo llevó al pequeño Pipo, allá por 1993, a dejar los patines y el stick en el placard para ganar embalajes sobre las dos ruedas.
Con el hockey llegó a integrar una selección italiana que jugó un campeonato europeo en Barcelona. “Era pequeño y siempre me gustó y me gusta”, cuenta este hombre que el 10 de septiembre cumplirá 37 años y que el año pasado volvió a su primer amor. “Empece a jugar con mis compañeros y me sirvió para la pretemporada”, explicó ayer mientras recibía de Jorge Chica (Secretario de Deportes de la provincia) los patines y la indumentaria que le prestó, en Olimpia, Oscar Oviedo, para entrar a la pista y mostrar sus cualidades. Anabella Flores, arquera de la Selección Argentina y Francisco “Panchito” Velázquez fueron quienes lo acompañaron en ese cuarto de hora en el que Pipo, el mismo que ganó la Milan-San Remo 2006, volvió a ser un niño.

Simpático y locuaz habló con todos, en italiano con el “Chupa” Oviedo, quien le contó que jugó en el Follonica y en castellano con todos. Recibió de regalo la indumentaria de la Selección Argentina que le entregó el dirigente Guillermo Velazco y contó a todos cómo fue su relación con el hockey sobre patines.
Bruno Casagrande, uno de los fundadores del Hockey Sandrigo, entidad que hoy juega en la A2, fue uno de sus ídolos. En tanto que Luiggi Spectori fue el técnico que le hizo enamorarse del hockey sobre patines.
Tanto es su cariño por el deporte inicial que en su futuro, a pesar de haber ganado etapas en el Giro de Italia y el Tour de Francia, no avizora nada relacionado al ciclismo. “Me encantaría enseñar a jugar a los niños”, contó mientras buscaba la palabra española que se adaptara. Y en vez de técnico, respondió afirmativamente al término “team mánager” muy usual en su país.
Flaco, alto (1,83 m), su figura impone respeto sobre los patines. Se movió bien, mostró destreza en los movimientos y no desentonó cuando tiró un par de paredes y recibió asistencias de Panchito para que intentara convertirle un gol a Anabella. Cuidadoso, trató siempre de anotar colocando la pelota en algún ángulo, aunque podría haberse tentando por rematar con fuerza.
Tan contento quedó que le pidió a Velázquez quedar en contacto y hacer un encuentro en Italia y otro en San Juan, con jugadores de su edad.
