Los goleadores viven del gol y sino pregúntenle a Martín Palermo. Las conquistas pueden ser espectaculares, como muchas veces las hizo el centrodelantero de Boca. Pero, también, suelen ser rústicas, como le ocurrió al mismo punta cuando convirtió un penal luego de resbalarse y golpear la pelota con las dos piernas.
Todos los goles, el que hizo el otro día a Vélez con un cabezazo desde 50 metros, la hermosa chilena que le convirtió hace unos años a Banfield, o el de ayer empujando una pelota perdida, valen lo mismo.
Anoche fue Martín Pescador. Goleador nato. Estuvo donde tenía que estar y facturó. ¿Fue offside? Sí, porque entre la línea de meta y su posición solamente había un rival. ¿Importa? No, porque en ese instante, cuando caían del cielo bananas de punta. Cuando Maradona se agarraba la cabeza y no encontraba explicación a ese empate agónico, traicionero, pero previsible, porque Argentina le había regalado la pelota y lo había dejado agrandar a Perú, Palermo hizo lo que mejor sabe hacer. Gol y victoria.
Fiel a su olfato, "el optimista del gol", como alguna vez lo definió Carlos Bianchi, cuando elevó a Boca al Olimpo del fútbol mundial apoyado en sus conquistas, apareció anoche en toda su dimensión.
La gente lo pedía desde los 27 minutos cuando veía que Argentina tenía la pelota, merodeaba el área pero no hería. No lastimaba. Era un equipo liviano y el público intuía que si no entraba el alto delantero xeneize, el parto sería más doloroso porque la victoria venía de nalga.
Al empezar el segundo tiempo, Maradona, lo mandó a la cancha. Después de un inicio a todas luces de Perú, que incluyó un par de sofocones en el arco de Romero, Palermo empezó a hacer pesar su presencia. Obligó a que le hicieran doble marca. Tuvo la lucidez suficiente para picar al segundo palo arrastrando marcas, abriendo la defensa peruana y permitió que Aimar metiera la pelota justa para que Gonzalo Higuaín abriera el marcador.
La falta de ideas de los volantes, sumada a las incoherencias del técnico que puso a Demichelis para defender en vez de colocar un volante, como Bolatti, para recuperar y cuidar el balón, limitaron a Martín a pelear en desigualdad contra una defensa firme. Pero Palermo es Palermo y apareció en otra versión, la del pescador. La del hombre que encuentra monedas en la oscuridad y se hace la América. Además, con ese gol, logró que todos, hinchas de River y Boca se confundiesen en el reconocimiento a su persona.

