Buenos Aires, 19 de marzo.-Con Nicolás Olmedo, autor de un gol y figura excluyente del equipo, más la eficacia que mostró cada vez que se acercó al área rival, Godoy Cruz le ganó merecidamente a Lanús 2-0 y de paso dejó en evidencia el discreto momento que vive el club del sur del Gran Buenos Aires.

Si bien Godoy Cruz fue un poco más que Lanús, quedarán por discutir dos situaciones que pudieron modificar el resultado: una jugada mal anulada que terminó en gol de Mauro Camoranesi, cuando el partido estaba 0-0, y un foul que Rubén Ramírez le cometió a Santiago Hoyos en el segundo gol.

Los tres puntos tuvieron un valor especial para Godoy Cruz, porque se trató de la primera victoria que consiguió como local en lo que va del torneo Clausura.

Ambos equipo salieron con una clara intención: cuidar la pelota y llegar al arco contrario lo más sencillo y rápidamente posible.

Sin embargo, al no aparecer los jugadores que hacen la diferencia, como Diego Valeri, el trámite se hizo demasiado lento, aunque parejo.

En ese contexto, Godoy Cruz buscó un poco más que el equipo dirigido por Gabriel Schurrer y, a diferencia de Lanús, cuando tuvo su oportunidad, la aprovechó al máximo.

El reloj marcaba el minuto 37 cuando Olmedo recibió una pelota por derecha, entró al área y allí, pegándole con derecha, depositó la pelota en el fondo de la red, sin que Mauricio Caranta lograra evitarlo.

Después del gol, Godoy Cruz manejó la pelota y los tiempos, y sostuvo el resultado sin problemas.

En el segundo período Lanús trató de cambiar el trámite con el ingreso de César Carranza y con esa modificación ganó en movilidad y se adelantó en el campo de juego, pero no le dio para más. Las propias limitaciones colectivas eran demasiado. El Tomba, que aguantaba, aumentó la ventaja en el minuto 22. Mariano Donda puso un pase para Carlos Sánchez, el uruguayo envió al centro del área, Tito Ramírez saltó con Hoyos, lo descolocó, y el defensor cabeceó con la nuca contra su arco, estableciendo el 2-0.

Todo parecía definido en favor de Godoy, pero, a los 32, en la que quizá fue su mejor jugada en equipo, Gonzalo Castillejos sacó un remate que se estrelló contra el palo izquierdo. A partir de entonces el conjunto mendocino no se distrajo en defensa y supo manejar la pelota hasta el pitazo final de Saúl Laverni.