Se nos hizo un nudo en la garganta. Desde que los muchachos de la NBA sentenciaron el partido con una ventaja mayor a 20 puntos, sólo se nos pasó por la cabeza todos los momentos vividos con estas ‘bestias’. Los Ginobili, Scola, Nocioni y Delfino, sumado a los que ya no están, como los Prigioni, ‘Pepe’ Sánchez u Oberto, son parte de un montón de logros que quedaron en las retinas y en las vitrinas.

Se fue un cacho de esa historia, de la grande, esa que dejaron estos gigantes de la Generación Dorada. Desde el 2001 o tal vez un poco antes, que esta semilla germinó y marco una época. La más grande de todos los tiempos. Lo que pasó en estos 15 años o más excedió una cancha. Acá hubo valores que se transmitieron. Mensajes que traspasaron el básquet. Lecciones con victorias y lecciones con derrotas.

No entra en el pecho el orgullo que los argentinos sentimos por estos grandes deportistas. Hicieron todo y más. Nos hicimos hinchas del básquet sin saber del todo como se jugaba. Nos pusimos una musculosa albiceleste con el ‘Manu’ en las espaldas, como si fuera Maradona o Messi. Fuimos futboleros mirando básquet. Pero eso sí, dejamos –por momentos- el exitismo que nos contagia el fútbol y miramos a estas estrellas que derrochaban humildad, en el juego y en las palabras, con otros ojos.

Será difícil repetir los logros de esta generación. Atrás hay material. Los nombres más salientes son los Campazzo, Garino, Acuña y otros pibes. Tal vez Scola tire algún tiempo más del carro, pero la posta ya es de otros.

Estos ejemplos de deportistas tuvieron compromiso con el juego y con el básquet. Tomaron decisiones para que este deporte no caiga en desgracia. No hay palabras, sólo gracias, totales.