Era un 0-0 clavado. Es que San Martín jugó mal y no mereció ganarle a Quilmes. Pero el Cervecero, que hizo lo suyo defendiéndose, tampoco mereció ganar porque se encontró con un dudoso penal a favor que el árbitro Pablo Díaz no dudó en cobrar, completando una noche pésima en su arbitraje. Ese penal -que después convirtió Caneo, el mejor jugador de la cancha- fue el que desniveló. A los 17′ del complemento, el propio Caneo ensayó un autopase frente al grandote Leo Sánchez; éste se quedó inmóvil pero uno de los pies del volante quilmeño se estremezcló fugazmente con una pierna del defensor. Díaz marcó penal. Todo dudoso. Demasiado. Porque el jugador visitante buscó ese contacto y Díaz "compró". Como aquellos offside que los dos líneas marcaron con sus banderas cuando los delanteros Verdinegros estaban habilitados.

Lo cierto es que fue una noche negra para San Martín. Perdió el invicto en casa, lo peor. Justo en el partido 13 en esa condición. Se le lesionaron dos bastiones (Cuevas y Torresi). Le hicieron el gol a los 17 minutos (el número de la desgracia) y jugó decididamente mal. Porque pareció inconexo. Como cortado en el enlace de sus líneas. Inclusive algunas actuaciones individuales marcaron que están en un mal momento. Además, grupalmente, no tuvo capacidad para armarse de juego y buscar herir de alguna manera determinada. Fue y fue. Eso sí. Con amor propio y vergüenza. Porque de eso nadie podrá responsabilizar a sus jugadores. Pero, para ser favorito y sostener el rótulo de candidato al ascenso, debe mostrar más que ese despliegue. Y anoche el Verdinegro no tuvo ideas. Ni siquiera creó una situación neta de gol. De esas en la que los delanteros suelen quedar en un mano a mano con el arquero rival. Ni de las otras que, por impericia del juego, llevan a que la pelota pegue en un palo o al menos salga besándolo. O que el arquero adversario la saque con la puntita de los dedos.

Castigo o realidad al margen, el partido salió siempre luchado. Con la marca como bastión. Era un planteo lógico del visitante. Tanto que su técnico metió cuatro en el fondo, cuatro en el medio, Caneo de enlace y Carrasco como único delantero. Y San Martín lo sabía por eso tenía toda la resposabilidad de crear juego.

El primer tiempo fue un ir y venir constante pero sin situaciones en los arcos. Quilmes estuvo más cerca, con una pelota de Carrasco que dio en el palo pero que fue por una desatención del fondo local.

Y en el complemento aquel penal fue un punto de inflexión. Porque la desesperación se hizo carne en el Verdinegro y el anti-juego en Quilmes. El Cervecero hizo tiempo como pudo. El árbitro Díaz lo ayudó con su pésimo trabajo. Y así se fue el invicto en casa. Para colmo, si hoy Instituto le gana el clásico cordobés a Belgrano, le quitará también la punta del torneo. Demasiado castigo por una noche negra.