Enorme triunfo fue el que se llevó ayer Desamparados de la cancha de Quilmes al que superó por 1-0. El abrazo con el pitazo final de Toia lo resumió todo. Este Sportivo piensa en grande y bajó a uno de los candidatos que nunca había caído en su reducto. Hizo negocio en el primer parcial donde jugó de manera impecable, sacó la diferencia con el tanto de David Drocco y lo defendió a muerte en el complemento. Un planteo que el Puyutano lo pensó en la semana y lo plasmó en una cancha que por clima y la obligación del local, fue duro. Un triunfo que tuvo mucho de alma y sabor a consolidación.

Aquella victoria sobre la Lepra la semana pasada fue el click. Un envión anímico que ayer tuvo su pico entre los 15’ a los 45’ del periodo inicial, que fue cuando Desamparados hizo pata ancha y mostró todas sus virtudes.

Antes, esos 15’ iniciales fueron de esperar al rival que salió a comerse a Sportivo, con algo de subestimación que lo terminó condenando. Porque si bien empezó siendo el protagonista, la mala definición de sus atacantes fue el aliado de un Sportivo que no podía cruzar la mitad de la cancha.

Fueron esos instantes donde había que pasarlos, y los pasó. Luego, cuando logró cruzar el círculo central, elaboró la mejor, 13 toques consecutivos para dejar a Ceballos sólo ante Tripodi, pero Martínez llegó al cruce. Fue el empuje que Sportivo necesitaba para adelantarse, mostrar sus argumentos y jugarle de igual a igual. Sobre los 25’ el tiro libre de Alvarez exigió a Tripodi.
Cálgaro empezó a ganar en el medio, Alvarez a insistir por izquierda, Drocco a repartir pelotas, Reinoso a aguantar de espaldas al arco y Ceballos a darle velocidad y profundidad. Era el momento y a los 40’ maduró. Pelotazo de Giordano, la peinó Reinoso para Ceballos, y Drocco, ingresando al área, le dio de tres dedos. Gol y justicia.

En el complemento Caruso Lombardi movió el banco, lo soltó a Caneo y Sportivo defendió con dientes apretados. Era sacar y sacar en el sanjuanino. Entró Salinas para reforzar el mediocampo y todo fue aguante, esperar el final, desatar la euforia, llevarse tres puntos y vivir la fiesta de la cerveza en baso ajeno.