La capacidad del Bicentenario, el estadio de fútbol más grande en la historia sanjuanina, ya aseguró de entrada que el actual clásico marcara ayer un récord.
Fueron 23.000 personas dispuestas a mostrar el amor incondicional por los colores de cada camiseta. El folclore estuvo a la altura de las enormes expectativas que se habían generado en la semana: papelitos, banderas, pirotecnia, coreografías y un duelo imparable de cantos dominó la escena del Gigante de Pocito.
Debido a que tenían el acceso más directo, los hinchas de San Martín completaron antes la cabecera Norte y el sector de las plateas que le correspondían. Faltando un minuto para las 22, ingresaron los dos equipos al mismo tiempo para que se convierta en una caldera de pasión. Lluvia de papeles y ensordecedor recibimiento de cada lado, pero cada uno tenía un toque particular. La hinchada de Desamparados lanzó una catarata de pirotecnia para que se llenara de ruidos y colores la cabecera Sur. Del otro lado, la majestuosa bandera verdinegra cubrió más de la mitad de la popular. Una instantánea en ese momento emocionaba a cualquiera. Marcaba un recuerdo que prácticamente no tiene nada que envidiarle a cualquiera de los grandes clásicos del fútbol nacional.
Los dos equipos llevaban el mismo diseño de bastones verticales, con el verde en común. El blanco y el negro era la diferencia por la que de uno y otro lado esforzaban al máximo las gargantas para anular prácticamente el griterío de la otra mitad.
Estaban todos. Los que fueron en familia y los grupos de amigos. Camisetas de estas temporadas y de hace 15 años. Los que agitaban sus remeras y los que usaban el celular para filmar o tomar una foto.
El ‘partido’ de las hinchadas no tuvo tregua. El gol de Caprari despertó la primera euforia de un festejo alocado. Los que se abrazaban y los que mandaban mensajes de texto. El empate de Lamberti y la motoneta de Penco fueron la extensión de una jornada histórica. Nunca antes un duelo entre equipos sanjuaninos tuvo este marco.

