"No hay problema, lo espero a esa hora". No tutea nunca a su interlocutor, apenas dos años mayor que él. Acepta hacer la nota apenas una hora antes de irse a trabajar ocho horas en su empleo en el Parque Industrial con el cual mantiene a su esposa y sus tres hijos. Recibe a DIARIO DE CUYO en la casa de su hermano, Ricardo, en Chimbas. Tímido, amable, respetuoso y sincero como de costumbre, se hace la nota sin el rec del grabador trabajando. Con personajes así es un elemento que inhibe más de lo que suma. El fotógrafo le pide que mire al cielo, que gire para la derecha, que lo haga para la izquierda, que levanta el brazo, etc, etc. Accede como siempre, pero la sonrisa no le sale cómoda. No es su ámbito el de los flashes. Lo suyo son los puños. Es pelearle a la vida. Ya no anda en bicicleta, pues hace dos años se compró un Peugeot blando 404 para moverse algo más cómodo y evitar el frío que le taladra la piel en madrugadas de invierno rumbo al laburo. Ya no vive en la Villa Catamarca, ahora está en la Villa San Patricio, junto a su madre y su familia. Cuenta lo difícil que le es alquilar por tener ya tres herederos. En su pasado, además de las carencias económicas que padeció, también tiene un dolor gigante como la pérdida de un embarazo de su señora. Los tres varones que juegan a su alrededor durante la entrevista son sus ojos. El motivo para asegurar que "quiero tener una casa para ellos y mi mujer".