Durante muchos años San Juan volvía de los Argentinos de Ruta con las manos vacías y los bolsos llenos de reproches sobre el egoísmo de los pedaleros que a la hora de la verdad obraban con intereses personales por sobre el objetivo general, que era ganar el campeonato.
El año pasado, cuando Gerardo Fernández ganó en Córdoba, se corrió en sentido de equipo. Alertas, apoyando al compañero que estuvo fugado mucho tiempo (Oscar Villalobo), y aplicando un plan B luego de que se neutralizara la escapada.
Ayer, en la carrera reina, Varones Elite, el trabajo respondió a una idea colectiva: San Juan siempre tenía que tener un hombre en fuga.
Por eso hubo siempre una camiseta azul rompiendo la serenidad del pelotón. Y, cuando alguno de los sanjuaninos se fugaba, el resto estaba atento a su misión, y se ubicaba de a 2 o 3 al final de cada grupo, dejando que sus rivales se desgastaran en la persecución. Es cierto que Brum ganó escapado junto a Bazzi, pero también es cierto que para que el ‘palo’ que pegó surtiera efecto, hubo un trabajo de erosión que le pasó factura a sus rivales en la parte decisiva.
Una situación similar se dio en la carera de las damas. Emociono ver a todas las chicas abrazarse y festejar la victoria. Podio completo que llenaron las que mejor llegaron físicamente al torneo. Objetivo que se coronó porque las compañeras gastaron sus pulmones y trituraron las piernas rivales atacando una y otra vez. Lo mismo vale para los Sub 23, que respondieron a un plan bien elaborado y arañaron la victoria.
De un tiempo a esta parte, San Juan gana el medallero como consecuencia de muchos factores: trabajo, seriedad, dedicación. Pero también porque primó la idea de conjunto sobre individualidad. A los méritos de sus planteles le adosó la convicción de fortalecer un espíritu de grupo, cualidad que los sitúa en la cima de ciclismo argentino.
