La final fue la muestra de dos realidades en contraste. Es que las chicas argentinas llegaron al estadio cantando desaforadamente arriba de dos combis, mientras que las francesas, ansiosas, entraron dos veces al calentamiento previo. Y terminó ganando el más tranquilo. El más equilibrado. El equipo que se sentía seguro de sí mismo. Y esas fueron Las Aguilas. Las heroínas argentinas que reconquistaron aquel título que supieron ganar por última vez en el 2010. Ganaron 3 a 0 con total autoridad. Mostrando una vez más su excelente nivel de juego, su orden, su capacidad de concentración y, por sobre todo, su increíble unión de grupo.
La Selección Argentina es otra vez campeona del mundo. Se lo merecía aquí en Tourcoing, Francia. Porque desde que empezó el Campeonato dejó en claro que era el más firme candidato. Y no falló. Tuvo un torneo fantástico y lo cerró con una victoria merecida a todas luces, pese a que tuvo que enfrentar distintas adversidades antes de gritar campeón. Es que la final de ayer era otra cosa. Nada de lo que había pasado se le parecía. Enfrente estaba el que hasta ayer era el campeón del mundo. Y, encima, en su casa. Con el fuerte aliento de su gente.
Pero a Las Aguilas nada de eso les importó. Empezaron a mil y terminaron de la misma manera. El local les mostró que se iba a defender y contragolpear y las chicas argentinas tomaron la posta. Se adueñaron de la bocha y empezaron a atacar por todos lados. Entonces, el hechizo local se rompió entrando al séptimo minuto de juego. Luchi Agudo se amacó detrás del arco y vio que estaba sola Adriana Gutiérrez. Y la Peti sacó un bombazo espectacular que se coló en uno de los ángulos del arco local. Ventaja y a la bolsa. Así terminó el primer tiempo, porque Francia empezó a atacar con mayor asiduidad pero el esquema inteligente argentino controló ese ataque. Y el complemento fue casi lo mismo. A los 3’ Salomé Rodríguez, con otro bombazo, en este caso cruzado, llevó la cuenta a 2-0. Francia se desmoronó. Y las chicas albicelestes siguieron a su ritmo. Llegó el tercero luego de una genialidad de una jugadora distinta: Luciana Agudo. La Luchi se la pasó por arriba a la arquera y ahí sí fue cosa juzgada.
Un 3-0 categórico. Real de lo que pasó en la cancha. Porque puede haber sido un partido parejo e intenso. Pero la Argentina siempre mostró la cara ganadora. Esa que le sirvió para ganar la quinta corona mundial. ¡Salud Aguilas! Son reinas otra vez.