Franco Gómez tiene 9 años y todos los martes y jueves llega acompañado por su madre para entrenar en la cancha que el Club Barrio Obrero Rawson tiene en la Rotonda. Es arquero de la categoría 2001 y cuenta orgulloso que en el actual campeonato de la LiFI (Liga de Fútbol Infantil) han ganado un partido, empatado otro y perdido el restante. ¿Contra quién jugaron?, pregunta este cronista y la respuesta del pibe tiene toda la candidez de su edad: "No me acuerdo". En esas tres palabras se resume lo más importante de su momento como deportista infantil. Él va a jugar. No importa con quien. Sólo quiere divertirse jugando a la pelota.
Justamente eso, jugar a la pelota es lo que no podrán hacer dentro de poco los casi 100 chicos que integran los equipos de las categorías 1998 a 2002. Tampoco podrán hacerlo los, también, casi 100 adultos que integran las divisiones que participan de la Liguilla Sureste de Rawson, porque el 27 de abril pasado se remataron las instalaciones de la entidad que incluyen la cancha principal, iluminada con 8 torres equipadas con 31 luminarias; un salón multiuso donde todas las mañanas las vecinas asisten a clases de aerobic y por la tarde se dictan clases de Kick Boxing; una canchita auxiliar y una plazoleta.
Una demanda laboral que data de octubre de 2003, en la que Rafael Bustos, un ex jugador del club que trabajó un tiempo en el mantenimiento de las instalaciones reclamaba $27.000, derivó en el remate donde un comprador -desconocido por las actuales autoridades del club- abonando una cifra de $170.000 se quedó con todo. Incluidos los sueños de esos chiquilines que visten la casaca de color naranja, la misma que alguna vez vistieron hombres que brillaron con luz propia en otros clubes de la Liga Sanjuanina, como Humberto "Mate" Quiroz, Teodoro "Catinga" Fernández, José Horacio "Labruna" Lucero y Juan Carlos Soto, quienes fueron pilares en una época de oro del recordado Los Andes. Más acá en el tiempo, se destacan los nombres de Esteban Aguilera, Roberto Ovejero y Rubén Contreras, identificados con Unión. Y, para cerrar una nómina que podría ser interminable, queda el recuerdo permanente a Sergio "Patón" Sánchez, aquel volante del Atlético Trinidad que falleció trágicamente en la flor de su existencia.
Juan Carlos Giner, el actual presidente, es quien encabeza las acciones de un salvataje tardío. Ayer asistieron a la sesión del Concejo Deliberante de Rawson solicitando un apoyo unánime que tiene, por ahora más bases afectivas que efectivas. "Yo presidía el club cuando comenzó toda esta historia. En el 2004 me alejé e instruí a la comisión sobre los pasos a seguir. Lamentablemente la entidad entró en acefalía hasta finales del año pasado cuando retorné y me encontré de golpe con la sentencia de remate", cuenta el dirigente que en una reunión de la partes, allá por el 2004, había propuesto entregar $3.000 y diez cuotas de $300 de su peculio personal, trato que no fue aceptado por la contraparte.
"Reconozco que las cosas no se hicieron como correspondía, pero necesitamos, por toda la gente que practica actividades, que alguien nos dé una mano", dice el actual titular casi implorando por una solución para un problema tan grande como las instalaciones ubicadas en una zona privilegiada de Rawson, cuyo valor es bastante mayor a la suma que se pagó por ellas.

