Pasó el esperado cruce entre San Martín y Unión. Recién en los penales hubo definición pero lejos de la euforia de la gente de Unión, el triunfo dejó en evidencia las clarísimas limitaciones de un lado contra las enormes convicciones del otro. San Martín, siendo de Primera, solamente pudo plasmar esa diferencia de categoría en los primeros 15’ del segundo tiempo. Ahí fue más, en todo sentido. Pero mostró su gran karma: la falta de gol. Y esta vez no fue ante un rival de su misma divisional, fue contra un rival de tres categorías menos. Esa fue la condena. Además, cuando no encontró los caminos, empezó a flaquear mentalmente porque el lastre de 10 partidos en serie sin ganar, tiene su peso en contra. Del otro lado, Unión fue la bandera del convencimiento. La razón de estar convencido de que todo se puede, fue su jugador Número 12. Esa fue la pequeña gran diferencia. Planteó el partido que tenía que plantear. Lo esperó concentrado a San Martín, le puso toda su entrega y cuando llegó el momento de los penales, se aferró a la mística de un equipo que tiene claro sus limitaciones pero también sus virtudes. Unión lo ganó porque quería ganarlo. San Martín no pudo, porque nunca estuvo convencido de que tal vez siendo más, podía lograrlo.
Limitaciones contra las convicciones

