Terminó siendo triunfo y esa gloriosa fortaleza que viene haciendo San Martín de su cancha donde no deja escapar puntos más allá del alto costo y sacrificio. Porque estuvo a punto que Instituto, que lo tenía acorralado y le había quitado la pelota, se llevara un empate a Córdoba con el gol que estaba al caer. Pero en esa vocación y actitud que el equipo de Forestello tiene ante la adversidad, lo llevó a multiplicarse en todas las líneas, esforzarse el doble y sacar un contra letal que Carlos Bueno concretó para el 2-0 final cuando el partido estaba en su epílogo.

El 1-0 que San Martín había conseguido en el amanecer del encuentro cuando a los 9’ Mauro Bogado la “colgó” al segundo palo con su remate preciso de larga distancia, nunca fue el sostén de una idea de juego. Porque no le dio tranquilidad y luego del gol rifó y metió pelotazos ante la superpoblación en el medio de Instituto. Y mientras Bogado y Poggi le daban claridad con su despliegue, el resto fue perdiendo presencia y ya sobre los 25’ la visita se adueñó de la pelota, tuvo profundidad pero fue errático en la definición.

En el complemento el conjunto Verdinegro continuó dormido, sin poder salir del fondo, mirando como el rival marcaba su camino y se dedicó por ende a hacerse fuerte en el fondo. Sumado a que Ardente y Bustos debieron salir por lesiones.

Entonces, sin tenencia, lejos del arco rival, se dedicó a sostener la mínima ventaja y apostar a la contra. El partido se lo permitió ya que Instituto erró siempre los caminos y lo fue perdonando a San Martín que cuando estaba para el cachetazo lo metió un gancho mortal. A los 31’, Marcos Figueroa escaló, metió el cambio de frente para Bueno, la defensa no pudo despejar y el uruguayo esperó al arquero Barucco y definió abajo, para espantar los fantasmas y transformar un partido con sabor a empate en triunfo.