Sin el candor de bombos ni banderas como ocurrió tras el tercer puesto de Francia 2007 pero con un caluroso recibimiento en Ezeiza, parte del plantel de Los Pumas llegó ayer con el sabor del deber cumplido de haberse metido entre los ocho mejores en Nueva Zelanda y haber dejado como último legado haberle jugador de igual a igual durante más de 60 minutos a los poderosos All Blacks. El head coach, Santiago Phelan, trajo en su equipaje el “orgullo” de haber dirigido a este plantel. Así como el capitán, Felipe Contepomi, el jugador símbolo de este equipo, llegó con la ilusión de ver “un futuro promisorio, con jugadores jóvenes de buena madera” y confiado en que tras una transición en los primeros años del Four Nations “se les pueda jugar de igual a igual y tal vez ganarle a las grandes potencias” del hemisferio sur (Nueva Zelanda, Sudáfrica y Australia). “Estoy orgulloso de haber entrenado este equipo argentino, por la entrega ya que dieron el máximo. Se jugó algunas veces mejor y otras no tanto pero dieron todo y eso es lo que tienen Los Pumas. Fue un buen Mundial‘, sintetizó. Al igual que los jugadores, destacó que “se perdió ante el mejor equipo del mundo y durante 60 minutos jugamos de igual a igual. En el vestuario, al final nos dimos cuenta de logrado”.
