La de Miguel Torrén es una vida marcada por la tragedia. Cuando tenía apenas dos meses, su madre murió por electrocución. Desde entonces sufrió su ausencia mientras su padre quedó solo con seis hijos, siendo él el menor, e hizo lo que pudo. Era chico cuando jugaba descalzo en una plaza de Venezuela, cuando un hombre advirtió su talento y le ofreció probarse en un club, lo que le salvó la vida. Sus hermanos quedaron en Rosario y tres de ellos murieron entre 2010 y 2021 en circunstancias relacionadas con la violencia.

Ya no se puede vivir ahí”, dice el defensor de Argentinos, que confiesa todo lo que tuvo que madurar y mejorar en su personalidad, habitualmente irascible, para dejar de perder terreno en el profesionalismo. Su tiempo de selecciones juveniles con Di María, Banega y tantos más. El cambio rotundo que hizo en su alimentación y la familia, ese oasis en medio del desierto.

“El fútbol es mi cable a tierra, estoy pasando un momento difícil, se me vienen todos los recuerdos de mis otros familiares a la cabeza, pero la vida continúa. Tengo a mi esposa y mis hijos que me dan fuerzas para seguir, si estuviera solo creo que tomaría otras decisiones, pero sé que tengo que demostrarles a mis hijos que no hay que bajar los brazos, que hay que sacar fuerzas y seguir para adelante”, dijo Torrén en una profunda y cruda entrevista que brindó al diario Olé.

-Son golpes durísimos, ya me había tocado con otros hermanos… Es mi familia, por más que ahora esté lejos, las cosas te chocan. Nosotros tuvimos una infancia muy difícil, cuando tenía dos meses a mi mamá le agarró corriente con un ventilador de piso y falleció. Mi viejo nos tuvo que criar a los seis, se rompía el lomo laburando y después cada uno va creciendo, elige cómo vivir, qué quiere hacer de su vida y de su futuro”.

-“Gracias a Dios, a mí se me cruzó una familia muy buena que me ayudó a salir de la situación difícil que estaba pasando, el fútbol me ayudó a salir de un barrio complicado, allá en Rosario está cada vez más complicado. Pude progresar, armar mi propia familia, con mi señora y mis tres hijos, y tengo que mostrarles que son obstáculos, que no se los deseo a nadie, pero que pueden llegar a pasar por situaciones similares y hay que aferrarse a la familia y sacar fuerzas de donde sea…”

-“La familia Velázquez me salvó. Si no hubiera sido por ellos me hubiese criado en la calle y mi vida hubiera sido totalmente diferente. Me enseñaron el respeto, la humildad, lo que estaba bien, qué camino debía tomar…”

-“Yo arranqué jugando en Venezuela, el club del barrio, y el hombre tenía su club, me acuerdo que andaba por todos lados con una camionetita mirando chicos para llevarlos a su club. A mí me encontró jugando en la plaza, descalzo, yo andaba así. Me vio condiciones y habló con mi viejo y me fichó en su club, Itatí. Me empecé quedando en su casa los fines de semana y, unos meses después, directamente me fui a vivir con ellos. Estuve unos seis años, me enseñaron muchas cosas, fui al colegio…”

-“Sigo en contacto con ellos porque no me olvido de quién estuvo en los peores momentos, ni de dónde salí, porque el día de mañana es con la gente con la que podés contar y el lugar al que podés volver. Me aferro mucho a eso, a mi familia y a los verdaderos amigos, los que están en los peores momentos”.

-“Esta familia, que siempre que puedo voy a visitarlos; los de Bella Vista, la mamá de mi mejor amigo, la familia Alfonso de Pasco y Lima, otra familia que me llevaba cuando pasamos a jugar en Renato Cesarini, los hermanos Belén (NdeR: hijos de la Bruja, ex jugador de Newell’s y Racing en los 50 y 60)… Con todos ellos siempre estoy en contacto, les llevo mis camisetas porque sé que los pone contentos. Muchos a veces se olvidan, pero yo no”.

-“No me voy a quedar en mi casa lamentándome, entrando en un pozo depresivo… Por suerte en el club tengo el sostén de mis compañeros, el cuerpo técnico, el psicólogo, Patricio, que es un fenómeno y me ayuda en todo momento. Y no solo a mí, ¿eh? En el club tenemos mucha gente de barrios humildes que a veces la pasan mal y él está encima constantemente. Yo también trato de ayudar, de hablarles, de decirles cómo es la vida porque me crié en la calle y sé cómo son los barrios”.

-“No me olvido de lo que pasé ni de lo que me costó. A mí nadie me regaló nada, todo fue en base al sacrificio y al esfuerzo, cuando no tenía cómo ir a entrenar, iba caminando, en bicicleta o a dedo, pero jugar al fútbol me apasionaba. Lo hacía en cada ratito que tenía, en la plaza con mis amigos, en el colegio con una pelota de papel… Todo eso tuvo la recompensa de llegar a Primera y hoy, cuando miro para atrás, me pongo a pensar y no lo puedo creer…”

-“Mis tres hijos juegan en Argentinos Juniors. Vladimir (16) juega de 4 en Séptima; Santino (14), de 7 en Octava y Ángelo (10), de 2 o de 4, pero todavía está en Infantiles. Están fichados en AFA y en Liga, ya los empezaron a convocar y todo”.

-“Estoy hace 11 años y medio en el club, soy feliz de estar en esta institución porque siempre me brindó muchísimo. Estoy muy cómodo por cómo me tratan y para mí es un orgullo que, año tras año, quieran seguir contando conmigo. Eso quiere decir que estoy haciendo bien mi laburo, y es algo que me pone muy contento”.

-“Antes me lesionaba mucho porque comía mal, digamos que no comía lo que tenía que comer un jugador profesional. Cuando vino el Bichi Borghi, junto a su profe, me agarraron aparte y me hablaron, ellos conocían mis condiciones, pero me dijeron que tenía que bajar un poco de peso”.

-“Así me mantuve un tiempo, y después llegó el Gringo (Heinze), un loco lindo, que era muy estricto con el tema del peso. Nos pesaban todos los días y nos cobraban multa si estábamos con sobrepeso… Ahí bajé mucho y ya hace cinco o seis años que me mantengo, me cuido muchísimo más, como bien, sano… Obviamente que el permitido siempre está, tampoco podemos vivir a verdura porque después te sentís débil y cuando te toca marcar a un grandote, te tira a la mierda...”

-“Creo que a medida que pasan los años te das cuenta de que si no te ponés las pilas, te quedás en el camino… Los más grandes te ayudan hasta cierto momento, porque te hablan una, dos, tres veces; pero después está en cada uno querer mejorar. Yo antes era verde, no se me arrimaba nadie porque sabían que tenía un carácter muy fuerte, pero cuando vas siendo más grande te vas acordando de esos mensajes que te daban. Yo tuve la suerte de tener a fenómenos de compañeros y es algo que hoy trato de recalcárselo a los más chicos”.

-“Hay un gran sacrificio, en muchos casos alejándote de tu familia para cumplir el sueño de llegar a Primera, y después no prestás atención o te da lo mismo… Por eso hoy trato de ser un ejemplo, de mostrarles que yo dejé pasar, quizá, cinco años por no estar bien físicamente, por no escuchar a los más grandes y eso me jugó en contra…”

-“Yo en las Juveniles jugué con Di María, con Chiquito Romero, con Éver Banega, con muchísimos que hoy están en Europa o en la Selección Mayor y, no me gusta ser agrandado, pero si me hubiera puesto las pilas de entrada creo que podría haber estado cerca de jugar ahí con ellos… Pero ya está, mejor darse cuenta tarde que nunca, y hoy soy un agradecido de tener laburo y de lo feliz que soy en Argentinos”.

-“Pese al momento durísimo que estoy pasando, el viernes me integré al grupo, estoy entrenando a la par de mis compañeros y quiero jugar y defender al equipo desde adentro el miércoles ante Patronato. Gaby lo sabe, me conoce, sabe que soy fuerte de cabeza y estoy a disposición. Las decisiones las toman los técnicos y yo siempre las respeto tirando para adelante desde donde me toque, pero estoy para jugar y dependerá de él…”