El triunfo de Nairo Quintana hace estar feliz hoy por hoy a toda Colombia. El ciclista de 26 años ha alcanzado una proeza en la historia del deporte de su país, pero además ha logrado unir a los colombianos en un momento de polarización política por cuenta de las posiciones a favor y en contra frente al proceso de paz con la guerrilla de las FARC. El triunfo de Quintana en la Vuelta a España es un bálsamo para Colombia, es la confirmación de que el tímido joven que hace dos años se coronó campeón del Giro de Italia seguiría dándole alegría a su país.

Dicen los que le conocen desde sus comienzos, que Nairo es atrevido y la vehemencia es una seña de identidad, por mucho que lo intente camuflar en su timidez.

Quintana aguantó todos los ataques de Chris Froome en la última etapa de montaña y se aseguró de ser el ganador. Con el también colombiano Esteban Chaves, en tercer lugar, hicieron de la Vuelta a España un triunfo nacional. Colombia celebra y desde ayer la casa familar de ‘Nairoman’, como le dicen en su país, se empezó a llenar de fanáticos del ciclista.

Nairo siempre fue un tipo distinto. El vencedor del Giro 2014 y de la Vuelta 2016 ya hacía labores de equipo en su familia mientras se formaba como ciclista: amasaba el pan a las cinco de la mañana, daba de comer a las vacas, a las gallinas y a las ovejas antes del entrenamiento, ayudaba a recoger papas. Todo eso curtió el temperamento de Nairo y formó una personalidad que traspasó lo cotidiano.

El afán de andar rápido con su bici casi le cuesta la vida en 2006, cuando lo atropelló un taxi. Una grave herida en la cabeza lo dejó inconsciente tres días. ‘Casi mato a su hijo’. Cuando parecía que su carrera se iba a cortar de raíz, de nuevo apareció la versión valiente y decidida de Quintana.