Insultó una y otra vez: ‘La c…. de tu madre’. No hay excusas, Messi creyó que por ser Messi no lo iban a sancionar cuando de forma clara descalificó al juez de línea. No se tapó la boca, no quiso ocultar su enojo. Messi hizo algo que vio todo el mundo. La sanción no fue en el partido (árbitro y línea miraron a otro lado, ni lo informaron), pero la pena máxima llegó desde el escritorio. Y está bien.

 

Ya no está Grondona para que Argentina zafe de todo (por momentos hasta se lo extraña). La dirigencia argentina ahora es mediocre y terrenal y no tenía demasiados argumentos para hacer zafar al ‘10’. El jugador del Barcelona se equivocó y deberá pagar por eso. En realidad, la Selección va a pagar. Habrá que sufrir para clasificar o al menos eso se cree. Los números marcan que sin el astro rosarino las chances de ganar se reducen.

 

¿La culpa es de Messi? Sí, pero a Lio también lo llevaron a este lugar. Tal vez se hartó de que sus compañeros –amigos- no colaboren con él y que su mal humor este presente en cada partido. Tal vez se hartó de tanto desorden en la AFA. Tal vez se hartó que que no se lo cuide.

 

A Messi todos  lo descuidaron. Los hinchas, los dirigentes, los técnicos, los periodistas, todos, y cuando pegó el portazo a la Selección hubo que suplicar por su vuelta. Se cansó e insultar a un árbitro es un síntoma de eso. Está grande, ya no es un pibe. Roza los 30 y, posiblemente, no tiene ganas de ocultar si está mal. 

 

En lo futbolístico, se tiene que cargar un equipo al hombro y así no está acostumbrado a jugar.  El equipo desde que Bauza se puso el buzo de entrenador no juega a nada, excepto para el extécnico de San Lorenzo que dice que “es brillante”, para el resto de los mortales es un bodrio ver jugar a esta Selección. Remar en un mar espeso no es para Messi. Es el mejor  del mundo y, desde que Lio es Lio, los equipos se armaron alrededor de él. Sabella y Martino alimentaron esa teoría y ni hablar del Barcelona. Bauza, en cambio, no tiene plan para satisfacer las necesidades futbolísticas de Messi y compañía.

 

Ahora sólo resta rezar y que se apiaden de Argentina los dirigentes de FIFA y que reduzcan la sanción porque, de lo contrario, será un camino cuesta arriba la clasificación.