Pasaron 38 días desde que el arquero de Boca, Agustín Orión tuvo el desafortunado choque con el delantero de San Martín Carlos Bueno. Desde aquel fatídico instante en que el guardameta Xeneize produjera una doble fractura de tibia y peroné en la pierna derecha del punta uruguayo cuyas prestaciones San Martín extraña, el arco de Boca en el torneo local fue propiedad de Guillermo Sara quien respondió con solvencia y, por el contrario de lo que pasa con Bueno en los verdinegros, rompió con cualquier amago de añoranza de parte de los hinchas de Boca.

Ante esta disyuntiva, de mantener al suplente que atajó todo y salvó puntos importantes o devolver el arco a quien lo defendía hasta el 22 de marzo, Arruabarrena no dudó y determinó que en los superclásicos el arquero debía ser Orión quien retornó luego de purgar, escasas, cuatro fechas de suspensión.

Para muchos menos para el DT, habían dudas. El Vasco le dio la responsabilidad a Orión. Y el experimentado y polémico arquero le respondió. Ayer, en el primer Súper de la trilogía, dijo presente. Sin ser tan exigido, apareció cuando el equipo lo precisaba: en el segundo tiempo, Rodrigo Mora sacó un violento zapatazo desde afuera del área con destino de red y el arquero voló para sacar la pelota al corner, en una atajada enorme.