Vive en el club de Barrio Atlético y desde hace 30 años colaborar con los jugadores, siendo el más antiguo de la profesión en la provincia. Su pasado de jugador y la vez que perdió su reconocido bigote.
-¿Cómo empieza a ser utilero?
-Yo venía al club seguido y le ayudaba a "Cacho’ Fernández, el utilero de ese tiempo. Primero me metieron en la utilería, un día faltaba un masajista en la Cuarta y me pidieron que fuera yo. Fue Héctor Literas el que me dio la chance de entrar. En ese tiempo Trinidad jugaba los recordados Regionales. Así fueron pasando los años y hoy ya llevo 30 trabajando acá.
-¿Desde ese tiempo vive acá o eso se dio después?
-Yo llevo viviendo casi 20 años en este club. Un día la dirigencia me pidió que viniera a vivir porque notaban que no me daban los tiempos. Yo pasaba día y noche en este club, y como yo alquilaba acepté. Hace poco tiempo logré tener mi casa propia por eso con mis hijos nos turnamos para estar acá y allá. Yo prefiero quedarme mil veces acá. Esta es mi casa.
-¿Qué es ser utilero?
-En pocas palabras somos los "polifuncionales’ de los clubes. Yo ahora cumplo el rol de masajista y el utilero es mi hijo Samuel. Los utileros tienen más llegada al plantel de la que pueden tener los dirigentes o el propio entrenador. Somos los primeros en llegar y los últimos en irnos.
-¿Qué significan los jugadores para usted?
-Cada jugador es un hijo más. He visto crecer jugadores que hoy ya son verdaderos hombres. Ellos vienen y te cuentan cosas porque te tienen confianza. Entonces vos lo tenés que ayudar. A mí "Cacho’ (Fernández) me enseñó que el rol del utilero es saber guardar los secretos de los jugadores. Somos los psicólogos del plantel.
-Me dice que Trinidad es su casa, pero realmente, ¿qué significa este club para usted?
-Justamente el otro día me preguntaron porque cuidaba tanto la cancha, porque yo por ahí soy demasiado hincha cuando veo que están dañando algo y les respondí que Trinidad para mí es como si tocaran a mi esposa. Yo vivo de esto y me gusta mucho. Para estar acá tiene que estar uno que le gusta. Yo le doy toda mi vida a este club.
-¿Siempre fue hincha de Trinidad o se fue haciendo con el tiempo?
-Yo seguía a Los Andes, junto a mi papá. Él sí era hincha, yo viajé a Rosario y a Alvear también. Son dos cosas distintas. Cambió mucho, a nivel dirigencial y futbolístico. Los Andes era otra cosa, pero Trinidad es mi hogar.
-¿Cómo ve el presente del León?
-Trato de ser optimista. Si bien el presente es complicado, conozco estos chicos y se que lo van a sacar adelante. No vamos a descender.
-¿Alguna anécdota para contar?
-Miles. Hay un montón y de todo tipo. Pero una que se me viene a la cabeza ya es la que me hicieron hace varios años. Viajamos a jugar a San Luis y los chicos me pidieron una tijera para cortarle el pelo a un chico que debutaba. Bueno, en el camino de vuelta yo me quedé dormido. Y los "chistosos’ se aprovecharon de eso y me cortaron el bigote y el pelo. Así que apenas llegué tuve que volar a la peluquería para que me arreglaran lo que me habían hecho.
-¿Un pasado dentro del fútbol?
-Sí (risas). Me di el gusto de jugar en Primera. Jugué en Cervantes, un club que estaba por calle 5 antes de General Acha. Ahí jugué en Cuarta Especial y en Primera hasta que el club se desafilió así que me duró poco la alegría.
¿Y cómo era como jugador?
-Mmm… Maso. Jugaba de 4 o de 6 a veces. No era tan bueno como jugador, creo que soy mejor como utilero.

