Notable. Espectacular. Inolvidable. Una tarde que quedará sellada a fuego para muchos. Para las más de 5.000 almas que vieron y disfrutaron de las bondades de un grande: Martín Palermo. Un jugador ya retirado de la actividad profesional, pero que sigue ligado de una u otra forma al fútbol. Y que está eternamente sellado en el corazón de los argentinos. No sólo de los hinchas de Boca -que lo idolatran- sino de aquellos que gritaron sus goles con la camiseta de la Selección argentina. Y Martín es un tipo humilde. Un famoso que llegó hasta el club La Unión Juventud San Isidro, de Cochagual Norte, localidad de Sarmiento, para colaborar con una Cruzada Solidaria, organizada por el municipio sarmientino. Y todo salió redondo. Porque fue tanta gente, que dejó algo más de 3.000 kilos de alimentos no perecederos y también ropa. Todo en beneficio de dos escuelas albergue del departamento sureño. La "Domingo French" del distrito Las Lagunas y la "Josefa Ramírez de García", de Pedernal. Una historia maravillosa que arrancó a eso de las cinco de la tarde. Aunque ya antes el Titán había llegado al departamento.
Palermo estuvo primero en un ágape que el intendente de Sarmiento, Alberto Hensel, y el vice gobernador de San Juan, Sergio Uñac, le brindaron en el edificio del municipio. Ahí se juntó con sus compañeros de equipo. Los chicos que fueron elegidos por la gente, mediante un reality que se realizó en una emisora radial del departamento. Todos jugadores de la Liga Sarmientina de Fútbol, que hace poco festejó por el título de Defensores de Boca de Los Berros, en la Copa de Campeones.
Desde allí el grupo partió en compacto hasta la cancha de La Unión San Isidro, en Cochagual Norte.
La gente, que empezó a entrar al lugar pasadas las 10 de la mañana, ya había convertido el lugar en un infierno. No quedaba espacio para nada. Incluso, algunos contaron que pasaron la noche cerca para ganarse su lugarcito. Haciendo asados y jugándose unos "truquitos" en la antesala. Por el lugar, los autos estacionados al costado de la ruta se extendían por más de 300 metros para ambos lados.
Cuando llegó Martín explotó todo en la pequeña pero coqueta cancha de La Unión. Resultó conmovedor ver cómo la gente se desesperaba por verlo. Para tocarlo. Para sacarse una foto, si se podía. Una mamá hasta pasó su pequeñín de menos de un año por sobre una pared. Se lo entregó vaya a saber a quién, pero le rogó: "Que le saquen una foto con Martín, es lo único que pido…".
Y el "9" se prestó para todo. Claro, también para lo que pudo, porque fue celosamente seguido por los custodios del Gobierno. Llegó con una campera de cuero y se metió, como pudo, en el camarín. Tardó unos 15 minutos en cambiarse. Hasta que salió. Pasó por un "pasillo" formado por todos los otros jugadores y salió a la cancha. Delirio total. Bombas de estruendo. Y la alegría a flor de piel de todos.
Casi diez minutos después de las cinco de la tarde empezó el partido. Todas las pelotas fueron a parar a Palermo. Y él, bien metido en lo que sabe hacer, castigó cuantas veces pudo al arco. Hizo un primer gol (el segundo de su equipo) y, casi terminando el primer tiempo, metió otro de penal, aunque el árbitro permitió que el Titán probara dos veces. En la primera falló, pero en la segundo lo estampó por el medio.
Y después se fue a saludar a todos, alambrado mediante, para los cuatro costados de la cancha. Esto lo hizo dos veces. Antes del penal y después del mismo. Mientras terminaba el primer tiempo aprovechó para una rápida fugada. Siempre saludando con simpatía. Con humildad pese a su grandeza. Todo fue un "Palermo show". Y salió de primera.

