Ese abrazo del alma entre nada menos que los dos mejores basquetbolistas argentinos de la historia, Luis Scola y Emanuel Ginóbili (invitado de lujo en la primera fila del estadio), lo dijo todo. Fue la emoción de una Generación Dorada que, ya sin varios de sus protagonistas, sigue dando alegrías. En un partido muy lejano de lo ideal, la Argentina sacó ese corazón inmenso que tiene y dio cuenta del local, México, en la semifinal del Preolímpico (78-70) y se metió en los Juegos Olímpicos del próximo año en Río de Janeiro. Hoy, a las 22.30 (TyC Sports) irá por el título ante el otro clasificado directo, Venezuela.

Lo bueno de Argentina en la primera mitad es que se fue al descanso ‘apenas’ perdiendo por cinco puntos (35-40). La selección careció de juego interior y así potenció que Scola pasara casi inadvertido. El ala-pivot de Toronto sumó apenas 4 puntos en esos 20’ iniciales y por eso la ofensiva recayó en gran medida sobre el base, Facundo Campazzo, quien aportó una docena de puntos. México, en tanto, tuvo una gran rotación del balón en sus posesiones y la efectividad en triples (6 de 13 intentos) marcaron la tónica. La defensa le dio a la Argentina la chance de pasar al frente ya en el tercer cuarto. Con Scola de protagonista, el equipo anuló a la figura mexicana, Gustavo Ayon y así fue construyendo la remontada (62-60). Con toda la presión por ganar, México vivió un karma con el aro argentino. Los dirigidos por Sergio Hernández le clausuraron el acceso a la zona pintada y lo liquidó con un parcial de 11-0 en los últimos cuatro minutos. Scola sentenció la historia con dos simples, en una noche que estuvo muy lejos de ser la ideal para él. Como para que todos celebraran en el centro del Palacio de los Deportes de México, donde anoche se escuchó el silencio de esos 20 mil aztecas que vieron como la clasificación a Rio quedaba en manos argentinas.