Extenuado pero feliz. Conversador, profundo y abierto hasta animarse a hablar de temas que lo marcaron como persona. Desde la separación de sus padres, la muerte de su cuñado, el fallecimiento de su papá y esos recuerdos de su San Juan que son tesoro para siempre. Claudio Chiqui Tapia nunca dejó de ser un sanjuanino y de pura cepa. No menos de 8 veces al año, vuelve a su tierra. Esa que dejó cuando tenía 4 años, a la que volvió cuando tenía 12 años y que después dejó para hacer una carrera sindical y deportiva que lo llevó al máximo sillón del fútbol nacional: la presidencia de AFA. Pero el Chiqui es el Chiqui y no cambia. Su costado provinciano le gana al acelerado ritmo de la gran ciudad y lo confiesa: "Mi lugar en el mundo es San Juan". Con eso, dice todo. 


Se acuerda de cada rincón, de la calle Falucho en Concepción, de la casa de su abuela, de la perfumería de su tío Pereyra, la peluquería de su tía. Se acuerda de todo. Disfruta de esos recuerdos. 


"Fui alumno de la escuela Rivadavia. Esa etapa fue muy linda. Después, me tuve que volver a Buenos Aires pero siempre sabía en mi interior que tenía que volver a mi San Juan. Lo hice y lo hago siempre.

Es más, hasta acostumbré a la familia a venir por acá y hasta ahora los chicos míos se vienen solos", abre el Chiqui después de una siesta corta y reparadora tras un día agotador con cabalgata, asado y notas. 


"Me gusta la cocina. Hago asados casi todos los domingos y no solamente eso. Pastas, pescado, de todo. Los domingos, cocinar es terapia para mí y lo trato de hacer cuando puedo". 


Otro de sus gustos es manejar y tan es así que en 2013 compró una Fiat grande para meter a toda la familia y viajar a San Juan todos juntos: "Nos venimos todos. Los seis más las parejas de los chicos mayores y yo manejo. Me encanta y disfruto porque uno toma mates, conversa, comparte. Es un gusto simple que me doy y lo disfruto. Creo que soy un tipo más normal y común que cualquiera". 


Entrando en lo que es su vida personal, la gran pregunta es saber cómo se vive ser el yerno de Hugo Moyano, uno de los popes del sindicalismo argentino: "Hugo es una gran persona. Un muy buen tipo. Hay dos cosas que para mí lo marcaron como gran persona. Una, cuando murió mi papá y él estuvo en todo el velorio y hasta en el cierre del sepelio; y otra, cuando murió su hijo. Ahí lo vi quebrado, dolido. Humano en toda su dimensión. Tenemos una excelente relación y yo lo respeto mucho". 


El fútbol es su pasión y el Chiqui tiene historia. Fue jugador de Barracas, pasó por Dock Sud y volvió a su Barracas para retirarse por una rotura de meniscos. Empezó su labor dirigencial y quedó marcado por una situación que vivieron con las inferiores cuando un accidente le costó la vida de tres de sus juveniles: "Ese día no lo olvido más. Fue un 21 de diciembre y me tocó ver a las familias destrozadas.

Ahí bajé los pies a la tierra y entendí que todos somos iguales, exactamente iguales. Por eso mi filosofía de vida es respetar a todos y cada uno por igual. Pero claro, la paz que necesito siempre la encuentro en San Juan que es mi lugar en el mundo". 

 

"En Buenos Aires no puedo comer una ensalada de tomates con cebollas porque me hace mal. Acá, en mi tierra me puedo comer una fuente llena y debe ser porque amo esta tierra. Soy feliz acá". 

 
"Uno de mis lugares preferidos en San Juan es el Dique de Ullum. Me gusta ir, sentarme, tomar mate y disfrutar la paz que irradia. También me gusta mucho ir a Valle Fértil, un lugar sensacional". 
 

"Cada vez que puedo, vengo. Hay fechas familiares muy especiales que me traen y lo disfruto. Venimos todos en la familia: mi esposa, mis cuatro hijos y sus parejas. Todos disfrutamos estar acá".