Chance. Emanuel Denning fue al anticipo y sorprendió al fondo del Tomba tras el centro de Bogado. Parecía que San Martín se lo llevaba por delante pero después el clásico se puso incómodo para el Verdinegro que terminó sin poder ganarlo.

 

 

Querer, no es siempre poder. Y San Martín lo quiso. De eso no quedaron dudas, pero no pudo resolver sus propias limitaciones y el sencillo orden que le puso enfrente Godoy Cruz de Mendoza. Para colmo de males, ni el tiro del final le salió al equipo de Forestello porque a los 31’ del complemento, su capitán Luis Ardente tiró afuera el penal que pudo ser victoria. Pero no fue. Apenas fue un discreto empate que no hizo más que desnudar las limitaciones de un equipo que busca desesperadamente su identidad, condicionando su futuro para las cuatro fechas que quedan en esta Superliga, sabiendo que está seriamente comprometida su chance de manejar su destino sin depender de otros.

San Martín fue el San Martín que querían ver en los primeros 20’ del clásico. No le alcanzó para sacar su ventaja. No fue suficiente ese tándem ganador por la derecha que armaron Cristaldo con Denning pero creó las ocasiones como para traducir ese mejor andar en el gol. Lo tuvo Denning, lo cabeceó lejos Palacios Alvarenga. Demasiado tibio como para justificar ese mejor comienzo. Y San Martín empezó a diluirse. Se fue lesionado Silva y se desarticuló ese paso ganador por la derecha. Se acomodó mejor Godoy Cruz, se juntaron los del medio en el Tomba y llegaron con peligro a través de Lucero y de Gutiérrez. Se hizo demasiado parejo todo, como para que las intenciones de triunfo de San Martín tuvieran respaldo.

 

Decepción. Se terminó. El clásico fue empate y Luis Ardente fue protagonista al desviar el penal. Un empate que duele.

 

En el complemento, San Martín fue más ganas que fútbol. Metió, luchó, peleó pero nunca se hizo dueño del trámite. Así y todo fue al frente. Parecía que no se le daba hasta que llegó Denning, a puro coraje, para obligar al penal de Cardona. Era el momento. Era el penal que se sueña en el clásico y el capitán Ardente cruzó toda la cancha para pegarle. Eligió ubicación en vez de potencia y la pelota se le fue afuera. Lejos del ángulo superior izquierdo del arco de Ramírez. Se había esfumado la gran ilusión. Fue el golpe de gracia para un San Martín que se desmoronó absolutamente. Siguió por inercia. Fue al ataque y se expuso a un par de contras de Godoy Cruz que llevaron mucho peligro.
Lo que quedó de partido fue para ver desencanto en todo el Pueblo Viejo. San Martín fue presa de sus propias limitaciones. Quiso y no pudo. Quedó en la cornisa en un momento complicado de la Superliga, sabiendo que tal vez mañana ya todo no dependa de sí mismo para poder quedarse en Primera.