Pilares. Dentro de la cancha, Marcos Gelabert conduce, ahora desde afuera, el que tiene el mando es Rubén Darío Forestello. Así, San Martín vuelve a empezar en la Superliga.

 

Las situaciones límites sirven para reinventarse. Tocar fondo ayuda a tomar impulso en muchas ocasiones y para San Martín este es el momento en la Superliga. Después de 6 fechas en las que comenzó bien y se desdibujó muy mal, el Verdinegro entendió el mensaje y cambió. Se terminó el ciclo Coyette, regresó un viejo conocido en Concepción como el Yagui Forestello y con ese envión, hoy empezará a reinventarse. No será sencillo el trámite. Estará enfrente el complicado Vélez de Heinze al que no le sobran lujos pero que tiene una enorme capacidad de resolución. Para San Martín será la ocasión de demostrar y demostrarse que la categoría no le queda grande y que el gran desafío de sostener la plaza en Primera División tiene sus razones.

En lo futbolístico, Forestello decidió meterle mano a cada una de las líneas con nombres y retocó el sistema. Apostando por un formato de tres volantes y tres puntas, sin poner un centrodelantero tradicional, con dos extremos muy rápidos. Así, en el fondo le dio entrada a un conocido suyo como Francisco Mattia que tendrá debut en la temporada tras una larga lesión que lo sacó de las canchas por varios meses. Ingresará por Erpen, de aceptable labor. Como compañero de zaga, mantiene a Puchetta mientras que por los laterales optó por Goitía y Milo.

En el medio, la elección es una fórmula conocida poniendo por primera vez juntos a Fissore y Gelabert más Claudio Mosca por la izquierda. Finalmente, en ataque el más punta-punta será Martín Bravo al que se le asociarán por los extremos Gustavo Villarruel y Nazareno Solis. San Martín tiene la necesidad como bandera y hoy juega con eso para volver a creer.