Golpeó justo. River supo encontrar el camino pegando en los momentos justos y así se quedó con el Superclásico. En ese juego Ignacio Fernández fue fundamental.

 

Era el partido. Ese que necesitaba regalarse el mundo River que veía con impotencia el paso seguro de un Boca inalcanzable en la Superliga. Era el partido del semestre. El partido para renovar el crédito de un equipo que acostumbró mal a su gente. Un reencuentro con esas noches de gloria y fue en Mendoza y ante Boca, como para que la alegría sea más que completa. Y River se lo regaló. Se dio el gustito de ganar el Superclásico para ser dueño de la Supercopa 2017. Fue más en el primer tiempo y aguantó cuando debía hacerlo en el complemento.

En un comienzo intenso, caliente, Boca pareció mejor parado para tratar y sostener la pelota pero para sus males, ese mejor andar se diluyó en apenas 10 minutos, los que le hicieron falta a River para compensar todo en el medio con la posesión. De atrás para adelante, el equipo de Gallardo fue afirmándose. Los centrales Maidana y Pinola absorbieron a Tevez y Cardona, Ponzio se agigantó en el mediocampo y la velocidad de Mora y Martínez empezó a desnudar errores en el fondo de Boca. Pablo Pérez tuvo la primera llegada de Boca en el partido pero su remate no fue problema para Armani. Llegó el momento de River en el ataque y en la primera a fondo llegó al gol. La cruzaron de izquierda a derecha, Nacho Fernández llegó exigido, se afirmó en Mora y la devolución del uruguayo fue exacta para que Cardona le cometiera penal a Fernández. Lo cambió por gol el Pity Martínez. Iban apenas 17″ y efectividad total en un River que, mejor parado, aprovechó la que tuvo para empezar a ganar. Boca quiso sacudirse pero perdió lucidez para jugarlo. En el complemento, Boca fue Boca. Furioso, profundo, arrinconó a River y en menos de 10″ le creó un par de situaciones netas de gol que sirvieron para consagrar como dueño del arco a Armani que tapó dos pelotas sensacionales: una a Pavón y otra a Goltz. River ya no era el mismo. No presionaba igual y Boca jugaba mejor, fue a buscar el empate y se topó con Armani que tuvo una sensacional doble tapada ante Pavón y Nández. Parecía que River no lo aguantaba y Gallardo lo entendió así. Afuera Pérez, afuera Pratto, adentro Zucculini y Scocco para acertar el pleno porque en la primera que tuvo Nacho, llegó el gol. Una contra fulminante para que Scocco definiera casi todo cuando iban 24″. Un golpe de nocaut para un Boca que tuvo su momento en la finalísima y lo dejó escapar ante un River implacable, que no perdonó nada y aprovechó todo.

 

CLAVES

 

Contundencia

River acertó en casi todas las que tuvo, pegó en los momentos justos cuando Boca se le venía encima. Esa efectividad resultó decisiva en la definición de la final que fue toda suya.

Actitud

El equipo de Marcelo Gallardo entregó una muestra de carácter imprescindible para ser campeón con toda justicia. Lo jugó con la cabeza y eso fue fundamental para llevarse la victoria.

Decepción

Esa es la palabra que define a un Boca que solo un rato se asemejó al líder cómodo de la Superliga. Las individuales no aparecieron en un partido donde las figuras brillaron por su ausencia.