Muchos chicos y adolescentes de los años ‘50 eligieron el hockey sobre patines porque admiraron a ese delantero goleador que se destacaba en Estudiantil.

Su grito característico cuando, como una saeta pasaba al ataque le quedó de apodo: “Payaya, payaya” (pasala, pasala).

Ayer, a los 81 años, por una deficiencia cardíaca, dejó de existir Rubén Alonso. Gloria de Estudiantil y del hockey sanjuanino.

Criado en Rawson, empezó jugando al fútbol en el club de la Bodega La Superiora, pero cuando su familia se trasladó al centro, empezó su idilio con el hockey sobre patines. Sobrino de Eusebio Gil Hernández, Rubén empezó como arquero hasta que en las divisiones mayores se convirtió en un polifuncional que horadaba defensas y sentenciaba arqueros.

Compartió camarín con varias generaciones de jugadores, fue pieza clave en las selecciones argentinas que jugaron los primeros mundiales, por los años ‘60.

Sus restos son velados en una cochería de calle Salta y serán sepultados a las 9 en el cementerio de la Capital.