La primera vez de Maravilla Martínez en el legendario Madison Square Garden, de New York, tuvo olor a final de carrera para el quilmeño, de gastados 39 años. La rodilla derecha, esa que lo tuvo en jaque (operación incluida) desde su última pelea hace 14 meses, le impidió hacer lo que mejor sabe el argentino: moverse como un pez en el agua dentro del ring. El puertorriqueño, Miguel Cotto (33 años), supo hacer su libreto a la perfección: pegó duro en la corta distancia, le cerró los caminos a su rival y demostró una condición física tremenda. Con eso y lejos de dar una cátedra, el boricua se quedó con el cetro mediano del Consejo Mundial de Boxeo que era propiedad de Martínez al triunfar por nocaut técnico en el décimo.

Lo mostrado ayer por Martínez fue muy pobre como para pensar en otro pleito. Dio la sensación de un púgil débil, carente de asimilación y con las piernas flameando en todo momento. Encima, se dio la decisión inexplicable de utilizar un pantalón tres talles más grandes del ideal para ’disimular’ las rodilleras. El primer round fue un martirio para el argentino: tres caídas en la misma cantidad de minutos. Jamás le encontró la vuelta a la pelea, pero no porque Cotto sea la reencarnación de Floyd Mayweather, sino porque no podía. Su físico desgastado, maltrecho por tantas batallas a lo largo y ancho del planeta, anoche le demostró que su época se acabó. Así, round tras round la cuesta se le hizo cada vez más arriba para Maravilla, quien estuvo lejísimo de validar semejante apodo que lo acompañó durante buena parte de su carrera profesional.

En el noveno, round en el que Martínez pronosticó que completaría ’su paliza’, Cotto casi lo saca durante los tres minutos. Le puso el último clavo de su ataúd, porque al volver al rincón, su técnico, Pablo Sarmiento, criteriosamente no lo dejó salir al décimo y por eso cayó por nocaut técnico. Tras caer, en declaraciones a HBO, no habló de retiro. Quizá mucho más frío, Martínez se dará cuenta del mejor camino a tomar.