El fútbol puede tener distintos significados para quienes lo practican. Pero hay otros que encuentran en este deporte su medio de vida. Su pasión. Su mejor forma de expresarse. Gonzalo Galeote, un pequeño que está jugando el Mundialito de Trinidad vistiendo la camiseta de VILO en categoría 2006, es sordomudo y con la pelota en sus pies encuentra la felicidad, o por lo menos, gran parte de ella.

El chico, que vive en Villa Obrera, Chimbas, nació con una hipoacusia de grado 1 que le produce una sordera del 95 por ciento y es por eso que le resulta casi imposible poder escuchar. Según contaron sus papás, Diego Galeote y María Soledad González, ‘Gonzalo jugando al fútbol es feliz‘. El pibe se inició hace unos años gracias a Daniel Díaz, su primer entrenador. Después encontró en el Club Social y Deportivo VILO, su otra familia. ‘Nosotros pensábamos que no se iba adaptar con los otros chicos normales, pero por suerte se acostumbró rápido y los chicos también se adaptaron a él‘ contó su papá. Gonzalo es delantero y cuando recibe la pelota siempre encara al área. Algo que disfruta es hacer goles y eso parece que es lo suyo, ya que en el primer partido que jugó en el Mundialito metió tres goles que sirvieron para el triunfo ante Atenas. ‘A nosotros no nos interesa que juegue bien o mal, si él disfruta jugando al fútbol, a nosotros nos hace felices‘, sostuvo su papá. Para ellos también les resulta difícil expresarse con el pequeño. Las clases en la Escuela Terry le enseñaron a expresarse. ‘Sabe decir muchas palabras, pero se le dificulta mucho escuchar, ahí te tiene que leer los labios‘ contó su mamá. Y sí, es tan profunda la sordera que para que Gonzalo pueda recuperar algo de audición deben practicarle un implante por medio de una costosa operación que resulta imposible de alcanzar para la familia del pequeño, ya que su mamá es ama de casa y su papá un albañil que hoy se encuentra sin trabajo. ‘Soñamos con que algún día mi hijo pueda recuperar algo de audición, por el momento lo dejamos que sea feliz jugando‘, expresó con algo de melancolía su papá.

Y mientras sus papás dan la nota, a Gonzalo parece no importarle su deficiencia. Adentro de la cancha y con una sonrisa pícara él, con el fútbol, parece ser feliz.