Este Trinidad ya no era el mismo y así le fue. El sacudón de ganar en el Tribunal de Disciplina la clasificación a la Fase Eliminatoria del Argentino B tuvo sus pro y sus contras. Lo puso en carrera pero lo dejó lleno de interrogantes. Parecía que el empate en Córdoba de la ida contra Paz Juniors lo había devuelto a la realidad pero anoche, se fue del Argentino B con más pena que gloria. Presa de sus propios errores, limitado por su impotencia y condenado por sus desconcentraciones, Trinidad lo pagó carísmo. General Paz Juniors, con orden y simpleza, no le perdonó nada y lo terminó eliminando al vencerlo por 2-1 en la revancha de esta serie.
El primer tiempo fue flojito para Trinidad. Generó apenas un par de ocasiones y lo mejor pasó por haber empatado parcialmente el marcador cuando Martiní aprovechó una gran asistencia de Sánchez para poner el 1-1, tras el baldazo de agua fría que había sido el gol de Rivero después de un error en la salida de Walter Costa. La esperanza parecía llegar en el complemento. Ahí sí Trinidad pareció recuperar la memoria. Martiní tuvo tres chances netas de gol y las desperdició. Y claro, en el fútbol si no los hacés en el arco contrario, lo sufrís en el propio y al León le pasó. Cuando mejor jugaba, cuando más presión metía, a los 24′ se elevó Dal Poggetto y puso el 2-1 que no se sacó más de encima.
Lo que quedó de partido fue para ver la desesperación del León. Pagés metió lo que tenía, se jugó entero y no le salió. Ni siquiera pudo aprovechar el jugador de más que tenía por la expulsión de Leichner. General Paz Juniors lo aguantó bien. Trinidad, como podía, fue y fue. Le anularon un gol a Paratore por offside. No había caso. Se terminaba el tiempo y la historia volvía a hacerle una gambeta grande a las esperanzas de ascenso a Trinidad. El León, lo que se ganó a lo largo de todo el año, lo terminó perdiendo en una noche de desencuentros. Perdió el fútbol, la potencia y los goles que lo habían hecho candidato. Eso, y un extraño clima interno, lo dejaron con las manos vacías en una temporada en la que le sobraron méritos para pelear por algo más.

