Dos en uno. Así se podría sintetizar la producción colectiva de un San Martín que entró dando ventajas en el partido, que le costó más de media hora volver al juego y que cuando parecía que lo tenía controlado, resuelto, volvió a caer en esas mismas lagunas y terminó amargado y amargando con un empate que nadie quería en Concepción. Eso es San Martín en este momento de la temporada: dos en uno. Su peor cara la mostró en el comienzo cuando dio todas las ventajas del mundo para que el rival lo lastimara. Tanto, que Unión en su primer ataque lo madrugó feo con el gol del mendocino Salinas. Fueron tantas ventajas en esa primera llegada a fondo del visitante que parecía que San Martín no había entrado a la cancha todavía. Lo peor vino después porque el Verdinegro nunca le pudo encontrar la vuelta a la presión ordenada y escalonada de Unión. No había salida, llegaron los pelotazos y todo pareció el reino del revés porque en ataque López iba por el medio y Martiñones jugaba por afuera. Así. San Martín no preocupaba. Después de los 30’ se despertó el otro San Martín y ahí empezó a jugar. Se soltaron Salas y Bogado, creció Quiroga y San Martín se llevó por delante a su rival. Faltó solamente el gol pero este era otro San Martín, el que tiene argumentos para ilusionar.
