Cuando en enero de este año tomó el mando en la selección de Brasil sabía que la chance de enfrentarse a la Argentina era más que cierta. Y cuando lo hizo por primera vez en el torneo de preparación en España para este Mundial, sintió en carne propia ese cosquilleo al oír el himno de nuestro país y él tener el escudo del clásico rival de Sudamérica en el pecho. Por segunda vez en tres semanas, a Rubén Magnano se le volverá a generar un nudo en la garganta debido al cruce entre ambas selecciones del próximo martes, en este caso por los puntos "en serio’ y con el boleto a cuartos de final en juego.
Magnano, el DT más ganador de la Liga Nacional en nuestro país con cuatro títulos, llegó a Brasil para cambiar el rumbo del básquetbol en ese país. Después del 17mo. puesto en el Mundial anterior y no participar en los Juegos Olímpicos de Beijing, la dirigencia de ese país se tragó el orgullo y tentó al mentor de la Generación Dorada en nuestro país que alcanzó la cima con el oro en "Atenas 2004′. Magnano, un fanático de la defensa y amante del trabajo grupal por encima de lo individual (en Atenas durante la última campaña que lo dirigió viajaba en colectivo con los juveniles y no en avión con los profesionales), sabe que lo trajeron con el objetivo primordial de los Juegos de "Rio de Janeiro 2016′. Pero un octavos de final de un Mundial está lejos de pasar inadvertido. Desde que asumió en Brasil todos lo veneran: "Nuestra ventaja es que ahora tenemos a Rubén (por Magnano) de nuestro lado. Los conoce bien (a los jugadores argentinos), sabe de sus estrategias y cómo juegan en los momentos decisivos", tiró el suplente de lujo de Brasil, el base Marcelinho.
Su sello está claro en este equipo que tiene como destacados al escolta de Phoneix en la NBA, Barbosa, y a los pivot de la liga más importante del planeta Tiago Spliter (San Antonio) y Anderson Varejao (Cleveland). Magnano y sus dirigidos estuvieron a un paso de otra vez provocarle un papelón a la selección de Estados Unidos en la fase previa, aunque finalmente cayó. No hubo batacazo como con Argentina en el 2004 en semifinales. Lo hizo con la defensa como premisa clave y así finalizó tercero en la zona B.
Este cordobés de 55 años, amante de su familia y enemigo de los celulares, conoce cómo frenar a Scola y compañía. La clave pasará por ver si sus dirigidos saben llevar adelante la práctica que él les volcará en la teoría.

