Martín Palermo le agregó un capítulo a la fantástica novela de su vida, marcando un insólito gol de cabeza de entre 35-40 metros. Pero no sólo eso, sino que con ese tanto le dio la victoria a Boca. El Xeneize ayer entregó el corazón y Palermo su cabeza para un espectacular triunfo sobre Vélez en La Bombonera.

Boca le ganó al Fortín por 3-2 un partido que por un lado le significó el triunfo que necesitaba de modo impostergable, pero además lo hizo al cabo de 90 minutos memorables, épicos, en los cuales estuvo dos veces en desventaja y se sobrepuso a sus carencias estructurales para imponerse a puro corazón.

Juan Román Riquelme, disminuido físicamente, aportó un segundo tiempo estupendo coronado con un golazo, el segundo; Martín Palermo hizo un gol realmente increíble y Sebastián Battaglia fue el abanderado que sostuvo a su equipo de pie en los peores momentos y además aportó el primer gol.

Vélez, que iba ganando 1-0 y 2-1, con tantos de Leandro Caruso, se mostró como un equipo más ordenado pero esta vez permitió que su rival lo superara en actitud y así se le escapó una victoria que tuvo al alcance de la mano.

Se jugó un primer tiempo de gran intensidad en el cual Boca puso gran esfuerzo, comandado por un desbordante trabajo de Battaglia en el medio.

Vélez tuvo un planteo conservador, pero cometió menos errores y sacó ventaja en la primera oportunidad que tuvo. Fue a los 6 minutos cuando Cabrera ganó por derecha, ante un quedó de Paletta que lo habilitó, y sacó un centro al primer palo que Caruso conectó al gol.

El empate llegó a los 35 a través del propio Battaglia, quien cabeceó con fuerza y precisión un tiro de esquina servido por Insúa desde la izquierda.

Comenzó el segundo tiempo y Vélez pegó en frío, ya que antes de los 2 minutos López peleó en el área ante cuatro rivales que no atinaron a despejar y el balón le quedó servido a Caruso, quien de zurda y sin marca sometió a Abbondanzieri. Entonces creció Riquelme, quien se olvidó de sus dolores, se hizo cargo del equipo y a los 19 empató con un derechazo imponente desde fuera del área.

A los 29 llegó uno de esos goles propios de Palermo, que no pueden estar en las previsiones de nadie, porque el delantero le puso la cabeza a la salida del círculo central a un mal rechazo de Montoya con el pie y el balón recorrió unos 40 metros hasta meterse en el arco vacío. Vélez sólo volvió a estar cerca del gol en el minuto 46 con un cabezazo desviado de Zárate pero había dejado pasar su momento y Boca con todo lo que puso y a despecho de todo lo que le sigue faltando, había desatado una fiesta que se estaba haciendo esperar.