Vuyovich festejando en El Zonda junto a Ramonda, también fallecido en el accidente, y Fontana.

Cuando se bajó del auto, segundos después de cruzar la línea de meta en el autódromo Eduardo Copello, estaba enormemente feliz, con la lógica alegría por terminar primero, pero sin perder la calma que lo caracterizaba. Se abrazó con su amigo y compañero de equipo Norberto Fontana, miró al cielo y se acordó de su padre. “La primera imagen que se me presentó apenas gané fue la de mi viejo. Esta carrera, este triunfo es para él”, dijo emocionado.

Nadie imaginó que aquella jornada cargada de euforia terminaría en una tragedia tan triste como incomprensible. De la gloria a la muerte, en sólo un puñado de horas. Todo ocurrió el domingo 8 de mayo de 2005. Nicolás Vuyovich tenía sólo 23 años de edad y una carrera prometedora. Esa tarde, el salteño se impuso de punta a punta con su Toyota en El Zonda, logrando así su segunda victoria en el TC 2000 ante unas 18 mil almas que colmaron los cerros y vivieron a pleno la competencia.

Nicolás corría desde que tenía 9 años, cuando debutó en karting. Amaba los fierros, pasión heredada de su progenitor. A los 21 años hizo su debut en la categoría, conduciendo un Honda. Fue en julio de 2002, en Córdoba. Unos meses después ganó su primera carrera. Fue en octubre de ese año, en Rafaela. En 2004 se incorporó a Toyota.  Disputó 33 carreras en el TC 2000, con dos triunfos.

Vuyovich escoltado por Fontana en el Eduardo Copello.

Luego de la enorme victoria, Nicolás y otras ocho personas viajaron en avión hasta Córdoba, donde la tragedia dejaría sólo muerte a su paso. Minutos después de las 19.30, la aeronave se estrelló 500 metros antes de llegar al aeropuerto Ingeniero Ambrosio Taravella.

Las pericias realizadas por personal especializado de la Fuerza Aérea indicaron que la avioneta golpeó su ala izquierda con una antena de unos 20 metros de altura, cuando la visibilidad se encontraba reducida por el mal tiempo que reinó en la provincia durante toda esa jornada. El impacto provocó una desestabilización que terminó siendo mortal.

Minutos antes del fatal descenlase, el piloto se había contactado con la torre de control, anunciando que tenía pista a la vista y que se preparaba para abordarla. Sin embargo, esa fue la la última vez que se escuchó su voz desde el otro lado de la radio. Después llegó el silencio, la confirmación de la tragedia y el horror.

La aeronave quedó destrozada tras el impacto.

Tras caer a tierra, el bimotor turbohélice Pipper Navajo hizo un recorrido de unos 70 metros. Una de las personas encargadas de la investigación aseguró en ese momento que los tripulantes eran expertos y “muy conocedores” de la zona, por lo que se determinó que el factor meteorológico fue absolutamente determinante en lo sucedido. Es decir, la baja visibilidad le impidió ver a los pilotos el obstáculo con el que terminarían chocando. Sin embargo, también se habló de un error de cálculo, ya que la nave viajaba por debajo del as de planeo que debía respetar.

En el accidente también fallecieron Gustavo Ramonda, director del equipo Toyota, su pequeño hijo de 8 años, el empresario automovilístico Hugo Suárez, el piloto del avión Daniel Reinoso y el copiloto, Mario Conti. Rodolfo Butta, Fabrizio Nicolier y Joaquín Palacios sobrevivieron a la tragedia.

En 2002 tuvo un accidente que lo llevó a permanecer varios días en Terapia Intensiva. 

El entonces gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota, fue uno de los que se acercó esa noche para manifestar su pesar y acompañar a los familiares de las víctimas.

Escenas de profundo dolor se vivieron en su despedida.

Sin embargo, pese a su corta edad, esa no fue la primera vez que una tragedia golpeó las puertas de su vida. El 7 de marzo de 2003, regresando a Salta después de correr en San Luis, sufrió un grave accidente automovilístico junto a su padre. Nicolás conducía un Chevrolet Vectra cuando un caballo se atravesó en el camino. El chico intentó esquivarlo, pero el auto terminó volcando. Él se salvó milagrosamente pero Francisco falleció tras una agonía de 4 días.  

"Yo creo que no me afectó en lo deportivo aquel accidente. Pero la cabeza manda y siempre interfiere en algo. Nadie vive de la experiencia ajena. Yo sufrí un golpe muy duro con la muerte de mi padre. Y me sentí responsable porque yo manejaba el auto. Luego entendí que no era así. El fue quien me inculcó en el automovilismo. A mí me gustaba el fútbol, jugaba de enganche en Gimnasia y Tiro, en la novena, pero me dediqué a los kartings. Por todo eso, y por sus valores, voy a recordarlo hasta el día de mi muerte", supo decir en alguna entrevista periodística.

El último adiós

Los restos de Vuyovich llegaron a Salta el 9 de mayo, donde familiares, amigos, funcionarios, deportistas y allegados se acercaron a despedirlo. Desde la llegada del féretro, Salta estuvo convulsionada por la pérdida de uno de sus hijos más queridos. Miles de personas se acercaron hasta la sala velatoria para expresar sus condolencias. Lo mismo ocurrió al momento de darle el último adiós en el cementerio “Nuestra Señora de la Paz”, lugar al que el ataúd llegó a bordo de un camión de bomberos que hizo sonar su sirena durante todo el trayecto. Nicolás fue sepultado junto a su padre Paco.

Nicolás Vuyovich había nacido el 29 de junio de 1981 en la ciudad de Oran. Tranquilo, introvertido, maduro, de gestos adustos y perfil bajo. Con su hablar calmo y pausado, dentro de los autos vivía una adrenalina que sólo explicaba con la pasión. Todos destacaban su profesionalismo y talento. En poco tiempo se había convertido en una de las grandes promesas del automovilismo argentino. 

Nico fue sepultado junto a su padre.

"Siempre lo recuerdo de la mejor manera. En el día a día me doy cuenta que hizo las cosas muy bien porque, a pesar del paso de los años, la gente lo sigue recordando y eso me llena de orgullo”, le dijo hace un tiempo su hermano Pablo, también corredor, al diario La Gaceta de Salta.

Con el paso de los años, los recuerdos agigantan la figura de un chico que partió demasiado pronto.