Tanto se dijo. Tanto de habló. Pasaron tres técnicos. Hasta sus hinchas ya habían perdido la esperanza. La ilusión de verlo en otra categoría parecía una utopía. Aunque en 90 minutos todo cambió. Pasó de estar muerto a vivo. Porque quiere más y puede más. Y porque la ilusión es lo último que se pierde y el amor por la camiseta está. Así es la vida de Sportivo Desamparados en el Argentino A, que con el triunfo de ayer recuperó la sonrisa y se metió en carrera por el ascenso.
La vida de un equipo cambió de la noche a la mañana. Si ayer el Puyutano perdía, se despedía de todo en el Nonagonal final por un ascenso a la categoría donde esta su rival de siempre, San Martín. Pero el tiempo para la despedida deberá esperar. Por qué no eliminar. El triunfo por 1-0 ante Brown de Puerto Madryn, el llamado "cuco" de la categoría, que nada tuvo para generarle terror, le devolvió la vida.
El Víbora "laburó", como debe ser para aquellos equipos a los que todo le cuesta doble. Por eso no brilla, pero rinde y cumple. El cabezazo de Ariel Barth fue el pulmotor no sólo para Sportivo, sino para toda una parcialidad que vio cómo pasaron Tempesta, Herrera y Naveda y el equipo no lograba una consolidación pese a que siempre entregó todo y por eso llegó a estar hoy entre los 9 mejores que van por el ascenso.
Ayer ganó, con sacrificio, como es la vida misma de Desamparados. La que lo viene marcando en cada temporada. Para algunos todavía no logró nada ya que restan cinco partidos. Pero para otros este grupo de "hombres" pusieron lo suyo y ese amor por la camiseta que ya poco se ve. El orgullo personal de cada uno. El objetivo mismo que no quieren que desaparezca en un abrir y cerrar de ojos y tirar por la borda todo un año. Ayer Desamparados se levantó, le falta identidad futbolística, pero la camiseta esta pegada al corazón. Ahora va por más… y pensar que lo daban por muerto.
