Se hizo esperar pero valió la pena. La etapa reina de la 41º Vuelta a San Juan tuvo este sábado un escenario soñado en el Alto Colorado, durante el desarrollo de la octava y penúltima jornada de la competencia. El viernes se había suspendido debido al temporal pero este sábado el clima acompañó de manera ideal, dándole un marco único a la competencia. Cielo nublado, una temperatura cercana a los 14 grados y alguna llovizna intermitente fueron el marco natural que terminó de realzar una etapa que siempre genera expectativa y que ningún fanático del ciclismo se quiere perder.
En lo alto del límite entre los departamentos de Ullum e Iglesia, cientos de fanáticos del ciclismo se dieron cita desde temprano. Reposeras, mesitas, carpas y mucho abrigo formaron parte del paisaje que acompañó el paso del pelotón en uno de los puntos más exigentes del recorrido. Lógicamente que el asado es la tradición de cada año en el Colorado, el humo de los asadores se mezcló con las nubes bajas que prácticamente se podían tocar con las manos.
Muchos contaron que estaban en viaje en la mañana del viernes cuando la organización decidió suspender la etapa. Sin desanimarse, esperaron a este sábado que se comunicara la nueva decisión. Muchos afirmaron que tenían todo listo y cuando los medios de comunicación informaron que la etapa sí se realizaba inmediatamente emprendieron viaje rumbo al Colorado. Ni el frío ni las condiciones climáticas fueron un obstáculo: la motivación era clara, ser parte de la etapa más esperada y especial de la Vuelta a San Juan.
Una vez más, el público sanjuanino respondió con pasión y compromiso, convirtiendo a la etapa reina no solo en un desafío deportivo, sino también en una verdadera fiesta popular que reafirma el vínculo entre la provincia y el ciclismo.

