Al rojo vivo. Un escenario que nadie, hasta el más acérrimo enemigo de Gallardo imaginaba. Sin Libertadores, con dos derrotas al hilo en el Apertura, con un recambio que no dio resultados, con el debut en Copa Argentina a la vuelta de la esquina y lleno de interrogantes, nada puede estar peor para el Muñeco.

El dueño de la gloria contemporánea de River Plate parece en jaque mate. Con poco margen de movimientos en la mano, sabiendo que un error más lo puede sacar del mapa. Los números son elocuentes: 12 derrotas en los últimos 18 partidos ponen bajo la lupa el mandato del DT más ganador de la historia del club y obligan a analizar con máxima atención el futuro inmediato.

La caída grosera ante Tigre en el Monumental lo sacudió pero no lo hizo reaccionar. Orgulloso, casi pedante, decidió apostar a lo mismo, al sistema, a los nombres que se habían comido una goleada y salió todo mal en La Paternal. Sin gol, sin juego, con errores, con expulsiones -se fue él mismo-River Plate fue una lágrima ante Argentinos y lo pagó con otro golpe de inicios de temporada del que podría levantarse, pero claro dependerá de la humildad de un Gallardo que no baja sus banderas. Razones tiene. No por nada ganó todo pero nada es para siempre.
Las razones de esta nueva tormenta se pueden buscar en varios puntos.

Uno, el clave, es el funcionamiento de un equipo que Gallardo armó a su gusto y parecer. Luego de quedarse afuera de la Copa Libertadores, el propio Muñeco armó la reestructuración. Afuera, nombres sagrados: Pérez, Nacho, Pity. Adentro, caros pero no los mejores por ahora. Eso si, sin reparar en un detalle: no trajo goles. Ya van cinco partidos y ningún atacante convirtió un gol. Algo está mal si, decenas de millones de dólares después, River jugó ante Argentinos con Galván, Ruberto, Subiabre y Beltrán. Se fue Borja, se volvió a romper Driussi, Colidio es un cristal y Maxi Salas se olvidó de todo lo que lo trajo desde Racing. Así, imposible.

En el fondo, limpió casi todo y hasta amagó con la salida del chileno Paulo Díaz. Apostó a Rivero y Martinez Quarta y así le fue. Un fondo frágil, torpe y hasta descontrolado como cuando las salidas de Acuña lo ponen al borde de la expulsión o las histerias de Montiel contagian a todos. En el medio, Fausto Vera y Moreno no trajeron ese efecto. Falta juego, sobran nombres y en River, todo se traduce en impotencia.

En los números recientes de Gallardo, hay cifras que preocupan porque es River Plate. Desde el 24 de septiembre del 2025 que perdió 3-1 con Palmeiras para quedar fuera de la Libertadores, el Millonario jugó 18 partidos incluyendo Copa Argentina, amistosos, Torneo Clausura y Apertura 2026. Ganó 5 de esa serie con ensayos ante Millonarios por ejemplo, pero perdió demasiado. Empató 4 en este período pero tuvo caídas resonantes y preocupantes: 9 derrotas. Dos ahora con Tigre y Argentinos, pero cerró 2025 con caídas ante Racing, ante Boca, ante Gimnasia, con Talleres, con Central.

Números en rojo que ya habrían abortado a cualquier otro proceso, pero es Gallardo en River y eso tiene su plus en todos los sentidos. Se viene el futuro pero a toda velocidad porque desde el 17 de febrero al 8 de marzo, River afrontará cinco partidos. Primero Copa Argentina ante Ciudad Bolívar. Luego, Torneo Apertura visitando a Vélez, recibiendo a Bánfield después, yendo a Mendoza para jugar ante Independiente Rivadavia y completando luego contra Atlético Tucumán en el Monumental.
Los que conocen el mundo River saben que para el Muñeco no hay plazos. Pero asumen que así, que esto, como el mismo Juanfer Quintero dijo, no puede pasar.