La contrarreloj individual de la Vuelta a San Juan ofreció una postal difícil de olvidar aunque ya se había repetido en ediciones anteriores de esta competencia. La intensa lluvia que acompañó gran parte de la etapa no solo elevó el nivel de dificultad, sino que también le dio a la carrera un marco visual impactante, con los cerros sanjuaninos y el lago del dique como protagonistas de un escenario tan imponente como desafiante.

Apenas habían llegado un puñado de ciclistas a lo alto de Punta Negra cuando el fenómeno climático se hizo sentir y obligó a los ciclistas a extremar cuidados, especialmente en los sectores técnicos y en las curvas, donde el piso húmedo exigió máxima concentración.

El recorrido, que combinó tramos rápidos con sectores de mayor exigencia, se volvió aún más duro bajo la lluvia que se hizo sentir con intensidad no en la largada pero sí en la llegada.

Mientras la lluvia caía de manera constante, el paisaje ofrecía una contracara única: los cerros cubiertos de nubes bajas y el espejo de agua del dique enmarcaron una jornada de ciclismo puro, convirtiendo a la etapa en una de las más vistosas de la Vuelta a San Juan. Nada que envidiarle al Tour de Francia o cualquier prueba europea.

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FOTOS: DANIEL ARIAS – DIARIO DE CUYO