Con el cansancio aún marcado en el rostro y la satisfacción de haber cumplido el objetivo, Lisandro “Lichi” Sisterna regresó este martes a San Juan tras su destacada actuación en el Dakar. Apenas bajó del avión en el aeropuerto Domingo Faustino Sarmiento, el navegante sanjuanino habló con DIARIO DE CUYO y expresó los secretos de lo que fue una de las competencias más duras de su carrera, coronada con el triunfo en la última etapa y un histórico séptimo puesto en la general.

“Felices principalmente de haber llegado, ese era el objetivo principal. Después, haber ganado etapas y redondear un buen resultado, a pesar de todos los problemas que tuvimos, es algo muy positivo”, expresó Sisterna, todavía con la adrenalina del desierto saudí a flor de piel, al hacer un balance de una experiencia que volvió a poner al automovilismo sanjuanino en lo más alto del rally raid internacional.

Recibido en el Aeropuerto de Las Chacritas por sus padres, hermanos, sobrinos y su novia, el menor de los Sisterna se tomó unos minutos para charlar con DIARIO DE CUYO resaltando las complicaciones que tuvo el binomio argentino en la competencia de rally considerada la más difícil del mundo. Es que sí, la edición 2026 del Dakar no fue sencilla para ellos. Incluso arrancaron cuesta arriba. Kevin Benavides debutaba en autos y la adaptación no fue sencilla. “Hicimos historia en el sentido de que Kevin era nuevo, era su primer año en auto y por eso iba a tener mucha repercusión. Arrancamos medio con el pie izquierdo, con varios problemas. El auto nos falló los primeros días, nos costó muchísimo”, recordó Sisterna, quien agregó que hubo momentos que pusieron en duda la continuidad misma en carrera. “La hemos peleado, hubo varios momentos en los que parecía que íbamos a abandonar. Era casi quedarnos afuera. Pero le metimos garra, salimos adelante y los últimos días pudimos avanzar mucho en la general y ganar etapas, que la verdad nos vino muy bien”, contó.

El sanjuanino fue más allá y describió la montaña rusa emocional que se vive en el Dakar. “Tres o cuatro veces fue vernos en el desierto con la desesperación de que pasaba el tiempo, las horas, y se te escapaba el podio, después el Top 10, y hasta la posibilidad de seguir. Pensás: ‘acá me quedo’. Pero salimos adelante”, expresó.

Consultado sobre la etapa más dura, no dudó. “El Dakar nunca es fácil, pero la más complicada para nosotros fue la tercera. Tuvimos muchos problemas mecánicos: se rompió un amortiguador, el cardán, un semieje, y terminamos la etapa de noche. Había muchísima piedra. Fue muy duro, pero junto a Kevin hicimos un gran trabajo de equipo para pelearla y salir adelante”.

También hubo momentos dignos de una película. “En la etapa 2 estábamos en una montaña y casi nos pisa un camión. Nos chocó el auto y quedamos prácticamente abandonados, en una subida, con la caja trabada y el embrague roto. Un auto nos intentó sacar y no pudo”, relató. Y allí apareció una solución tan insólita como salvadora, donde el sanjuanino recordó un consejo de su papá Lino. “Mi viejo siempre decía que a los embragues cuando se rompen, les echan Coca-Cola y se pegan. No teníamos Coca-Cola, pero Kevin tenía un gel. Le echamos gel con agua y mágicamente el embrague empezó a andar. Así hicimos 300 kilómetros”, contó entre risas.

El clima también jugó su parte. “Por suerte fue bueno. Arabia es fría, y si bien estuvo fresco, no tanto como el año pasado. Más para nosotros, que corrimos un auto sin parabrisas”, explicó.

Detrás del resultado hubo una preparación exhaustiva. “Nos preparamos todo el año. Estoy permanentemente en carrera. En febrero vuelve el SARR (Southamerican Rally Race) y todos los años lo corremos. El año pasado con Kevin hicimos una preparación más intensiva: corrimos en Marruecos, entrenamos en Salta, metimos muchísimas horas de gimnasio y trabajo físico, porque el Dakar es muy desgastante”, detalló.

Pero no solo el cuerpo cuenta. El sanjuanino expresó que este año implementó un psicólogo, algo que hoy en día los deportistas más importantes lo comenzaron a implementar. Incluso el menor de los Sisterna adoptó como el suyo, al mismo psicólogo de Franco Colapinto. “La preparación psicológica es clave. Hay veces que no se desgasta tanto el cuerpo, pero la cabeza tiene un desafío enorme. Nosotros trabajamos con psicólogos y eso nos ayudó mucho. Yo lo implementé por Kevin, que tiene un nivel de profesionalismo muy alto”, remarcó.

Sisterna también se tomó un momento para destacar a otro protagonista del rally, Luciano Benavides el ganador de la carrera que marcó un hito para el país. “Lo de Luciano fue tremendo. Hace dos meses tuvo un accidente y parecía que no iba a llegar. Por eso verlo ganar fue algo increíble, una emoción muy grande, porque es un esfuerzo que se merece”.

El calendario no se detiene para el sanjuanino, pronto volverá a la acción cuando dispute el Southamerican Rally Race 2026. “En febrero tenemos el SARR, seguramente yo corro. Después analizamos correr el Campeonato Mundial, en Portugal, Marruecos, el Desafío Ruta 40 en Argentina. La idea es seguir sumando kilómetros”, adelantó.

Consultado si es pronto para ponerse en mente el próximo Dakar como objetivo, el sanjuanino fue claro y la respuesta inmediata: “Sí, obvio. Veremos si podemos dar un salto de categoría, esa es la idea”. De esta manera, con garra, talento y una resiliencia a prueba de desiertos, Lisandro Sisterna volvió a demostrar que San Juan tiene voz propia en la carrera más dura del mundo.