Déjà vu. Transitando febrero de 2026, el River de Gallardo todavía sigue empantanado en sus penurias de 2025. Su andar irregular, a decir de los últimos dos encuentros, lo ponen otra vez en esa encerrona que el año pasado puso de los pelos a los hinchas de River, que ya están impacientes porque el equipo no da suficientes señales de que algo cambió.

Es que cuando parecía que había síntomas de reacción recibió un mazazo.

La victoria en el debut con Barracas (1-0, Montiel de cabeza) y luego ante Gimnasia Esgrima de La Plata (2-0, con doblete de Juanfer) ilusionaron. Pero la categoría de los rivales no daba para volverse loco. Por eso el partido contra Central en Rosario, para muchos, fue la primera prueba de fuego: empate, con un buen primer tiempo y un segundo para olvidar.

Pero el castillo de naipes se precipitó de un soplido con la victoria 4-1 de Tigre en el Monumental, donde el elenco de Gallardo no demostró nada y se pareció tanto al de la última parte de 2025 que se repitió el “movete, River, movete…” que bajó desde las tribunas del estadio más grande del país.

“Fue una muy mala noche”. Con cara de pocos amigos, Gallardo resumió lo que todo el mundo vio: no salió nada. Por el rival y por la postura del Millonario en la cancha, es preocupante.

¿Hay salida? Sí. ¿Cuál? No se sabe. Gallardo no es el mismo de antes, ya su varita mágica no sorprende a sus rivales y hasta su semblante permite dilucidar que el escaparate a este momento no es tan fácil. Ah, con un agregado que no solucionó este año y que fue un grave problema el año pasado. Sus delanteros no la están metiendo. Los tres goles en este campeonato no fueron de los hombres de punta. La lesión de Driussi (otra más y van…), las reiteradas pálidas actuaciones de Colidio y Salas, hacen pensar que le va a ser difícil encontrar soluciones en esa parte del campo. Antenoche jugó unos minutos Ruberto. Un pibe que promete, que está volviendo de una lesión, pero que, en este escenario, es poco más que una esperanza. También está cerca de su debut la joya ecuatoriana Kendry Páez, uno de esos jugadores disruptivos que pueden cambiarle la cara a un River que por momentos no juega nada. Ojo, tiene 18 años.

El hincha está cansado. Es que fue tan malo el 2025 que se debió conformar con jugar la Sudamericana, no ganó nada en el año y, por si fuera poco, cada estadio lleno vio a un equipo sin alma.

Gallardo está a tiempo de dar vuelta esta realidad. Nadie más que él tiene espalda. La gente insulta al equipo pero cuida el bronce que bien se ganó el Muñeco. Pero nada es para siempre. Este es un año de obligaciones para River: “ganar, ganar y ganar”, como dice Bilardo. Títulos locales o Sudamericana, pero no podrá terminar el 2026 sin una estrella más.