La Vuelta a San Juan volvió a dar una de sus mejores postales a pesar de que el final se acortó por la llegada del fuerte viento. Pero si hubo protagonistas fuera de la carrera, fueron los hinchas. En las Cuestas de las Vacas, el termómetro alto no espantó a nadie. Familias enteras, banderas argentinas, camisetas de equipos locales y termos compartidos al borde del asfalto marcaron un ritual que se repite año tras año. Aplausos, gritos de aliento y celulares en alto acompañaron el esfuerzo de los corredores en uno de los sectores más exigentes del recorrido.

La escena se repitió al llegar a la Difunta Correa: promesas, botellas de agua, cintas rojas y miradas cargadas de emoción. La Vuelta avanzó, fiel a su calendario, pero dejó otra imagen para el archivo grande de la carrera: la de un pelotón que pedalea entre la pasión deportiva y la fe popular, y la de un público que, aun bajo un calor agobiante, elige estar, acompañar y creer.

LAS POSTALES DE LOS FANÁTICOS (Fotos Daniel Arias – Diario de Cuyo)