Carmen Cortez sintió que llamaban a su puerta y no dudó en abrir. Supuso, como de costumbre, que se trataba de su hijo Armando, que la visita entre las 21.30 y las 22. Pero el miércoles en la noche la realidad se le reveló muy distinta cuando abrió: en lugar de su hijo se topó con dos sujetos, uno armado con un revólver, que le taparon la boca y le impidieron salir, la primera reacción que tuvo esa anciana de 77 años, enferma de hipertensión. Una mano en su boca y nariz al punto de dejarla casi sin aire, fue suficiente para que Carmen optara por decirles dónde tenía el dinero. Ahí fue que enfiló hacia su dormitorio, les dio un sobre con unos 1.500 pesos de la pensión que cobra por el fallecimiento de su esposo, y observó con cierto asombro cómo uno de los delincuentes tendía el dinero en la cama para contarlo.
