San Juan, 11 de mayo.- Hacía 45 años, Antonio Gómez deleitaba a los sanjuaninos con sus paellas en un espacio más que tradicional para los sanjuaninos: el Súper. Allí trabajó desde que llegó a la adolescencia hasta los días previos al accidente que sucedió esta mañana, en la que perdió la vida.
Sus abuelo, trajeron el legado del arroz con mariscos desde España. Y él supo conocerlo, aprenderlo y brindárselo a los sanjuaninos desde 1970, cuando comenzó a trabajar en el lugar del que después se hizo cargo junto a su hermano, Miguel.
Siempre detrás de la paellera, con sus inconfundibles bigotes y el delantal blanco, Antonio no tenía problemas en convidar algún bocado de sus platos recién hechos a los clientes más conocidos mientras esperaban su pedido.
Fue de su padre, de quien, además del nombre, heredó el negocio y los secretos del arroz, los mariscos y el punto justo de cada ingrediente.
El hombre, que también le dedicó su vida al hockey sobre patines otra pasión local que supo hacer propia, pasaba gran cantidad de horas en aquel galpón ubicado por calle General Acha. Y, además de cocinar, se encargaba de recorrer las mesas y sillas ubicadas en su comedor, copado por redes marinas, anclas y otros elementos relacionados con la pesca.
Consciente del éxito de sus platos, allá por 2008, el paellero había reflexionado en una nota de DIARIO DE CUYO: "Si uno mira objetivamente, este es un galpón bastante feo, pero creo que es tan folklórico que hasta eso es un gancho para la gente". Y se había enorgullecido al destacar que "este lugar no distingue clases sociales. Acá viene gente de todo tipo y eso es lo interesante".
