La causa por el crimen de Candela Rodríguez tuvo anoche un vuelco muy importante ya que la policía efectuó las primeras detenciones en el caso. Se trata de personas acusadas de encubrir el crimen de la niña de 11 años que permaneció desaparecida por diez días.

Entre los apresados se encuentran la dueña de una casa situada a pocas cuadras de donde apareció el cadáver de la niña y de un hombre sindicado como el encargado de proveerle la comida a Candela cuando estaba cautiva.

Estas son las primeras detenciones que se realizan en el marco de los allanamientos que se realizaron ayer en torno al caso que conmueve al país. Según lo publicado por el diario Perfil uno de los detenidos es de nombre Ramón Altamirano y la mujer Gladys Cabrera.

Las detenciones fueron realizadas por los investigadores a partir del contraste de material genético secuestrado en una casa del partido bonaerense de Hurlingham, ubicada a pocas cuadras del lugar donde apareció el cadáver de Candela. Se trata del cabello encontrado en ese domicilio durante los alllanamientos y que al someterlo a las pericias científicas se confirmó que se trataban de cabellos de Candela.

Altamirano y Cabrera, serían las personas más comprometidas, según trascendió, en tanto que a las tres restantes se las acusa de encubrimiento agravado. Además, la policía secuestró una traffic blanca que habría sido utilizada en el secuestro de la nena.
Las dos personas que podrían estar directamente involucradas en el crimen de la nena serían, según se supo, Ramón Altamirano y Gladis Cabrera, la dueña de la casa de Juan B. Kiernan 992, donde se halló cabello compatible con el ADN de Candela, además de similares restos de comida para perros que también aparecieron junto al cadáver de la niña. Además, hay otros tres demorados, un carpintero y dos fleteros, que serían acusados de encubrimiento del crimen; todos ellos, están alojados en la Comisaría de Hurlingham y mañana el fiscal del caso solicitaría al juez la detención de los demorados.

Las capturas cerraron una jornada de intensa actividad para los investigadores. Con la idea de seguir de cerca los procedimientos, el Gobierno bonaerenses dispuso la instalación de un centro de operaciones en Villa Tesei, a muy pocos metros de la casa que ocupaban Candela y su familia. Esa propiedad ahora se encuentra deshabitada: la madre de Candela -Carola Labrador- se mudó a otra vivienda tras el entierro de su hija.
Esa oficina móvil -precisamente- fue escenario anoche de una minicumbre que incluyó la asistencia del jefe de la Bonaerense, Juan Carlos Paggi, y el ministro de Seguridad y Justicia de la provincia, Ricardo Casal.
Antes de las detenciones, se reveló durante la mañana la sospecha de que los asesinos de Candela
habrían lavado el cadáver para no dejar rastros, según se indicó desde la Justicia.
Ayer, el jefe de los fiscales de Morón, Federico Nieva Woodgate, reconoció que el cuerpo de Candela “probablemente había sido lavado” luego del crimen, al dejar ver que no encontraron rastros en el cadáver de la nena que permita ubicar a los asesinos.
“El cuerpo probablemente había sido lavado; es cierto que no estaba como cuando uno sale de la ducha, pero no estaba en el estado en el que suelen encontrarse los cuerpos que llevan dos o tres días de muertos”, afirmó Woodgate.