Condenados. De izquierda a derecha, el comisario general Raúl Héctor Páez, el cabo primero José Norberto Herrera y el oficial principal Rolando Ernesto Narváez. Recibieron 6 años de cárcel.

 

Los jueces Hugo Echegaray, Juan Carlos Turcumán y Alberto Daniel Carelli (Tribunal Federal) pusieron fin a un escandaloso caso de drogas que implicó a un comisario con la máxima jerarquía en la Policía, el comisario general y exjefe del D-5 Raúl Héctor Páez (53) a un exsegundo jefe Drogas Ilegales, el principal Rolando Narváez (45) y a un cabo primero, José Herrera (48) quienes habían admitido en un juicio abreviado, haber formado parte de una maniobra para proteger a dos narcos a cambio de dinero. A Páez, Narváez y Herrera les aplicaron 6 años de cárcel y $5.000 de multa por comercio agravado de drogas y extorsión. Todos cayeron presos el 28 de abril de 2016.

Los narcos "arrepentidos", Paula Edith González (48) y Washington David Castillo (32, alias "Oscuro" o "Thiago") recibieron 2 años y 6 meses (están libres) sólo por comercio de estupefacientes. Además, el Tribunal Federal ordenó que Castillo sea investigado por tenencia ilegal de armas en la Justicia Provincial, pues cuando lo metieron preso le encontraron un revólver calibre 32 y otro calibre 38, con 15 cartuchos, dijeron fuentes judiciales.

 

Castillo será investigado por tener ilegalmente 2 armas

El "Oscuro" Washington David Castillo declaró como "arrepentido".

 

Paula Edith González dijo que le sacaban plata de cuando se prostituía.

 

Cómo operaban

El caso de los policías se descubrió por una escucha telefónica a Castillo, en julio de 2016. Y a fines de ese año se pidió intervenir los teléfonos de los policías implicados. Ahí se supo que, además de Castillo, usaban el mismo modus operandi para sacarle plata a "La Paula", a quien conocían desde hacía como 15 años, de cuando era prostituta y ya debía desviar parte de sus ingresos a algunos policías para poder "trabajar" (según González).

También se descubrió que Narváez sacaba dinero de desarmaderos y boliches que no estaban en regla, para reportárselo a Páez, quien manejaba todo desde su puesto como miembro de la Plana Mayor de la Policía y jefe de toda la Brigada de Investigaciones.

Los detalles del caso se conocieron cuando los dos narcos declararon como arrepentidos a cambio de mejorar su situación, y describieron cómo operaban los policías con ellos.

Esas revelaciones permitieron concluir que el más explotado fue, sin dudas, el "Oscuro" Castillo, quien vendía drogas en Villa Unión y en la Villa Mariano Moreno, Chimbas. Este sujeto dijo que a Narváez debía hacerle pagos semanales de $1.500. Y que este policía le pedía datos de otros narcos para poder quitarles la droga y dársela a él, con tal de que siguiera vendiendo y no interrumpiera los pagos. Con el cabo primero José Norberto Herrera (trabajaba entonces en la Seccional 4ta.) ocurría lo mismo, con la diferencia de que a este suboficial le daba $3.500 mensuales, dinero que alguna vez llevó a la propia casa del policía. Según Castillo, Herrera también le dio una vez droga para vender.

Cuando Herrera se quebró y confesó su vinculación, aportó el dato jocoso de la investigación: admitió que era él y no otro, el que llamaba a Castillo como José desde su teléfono con número a la vista, y también desde el mismo aparato pero sin identificarse y con otra voz, para fingir que era un jefe policial de José y poder aumentarle la cuota.