Una mujer dejó encendido un caloventor para que su hijo pequeño no pasara frío y ni se imaginó que esto después provocaría un incendio. El aparato aparentemente tuvo una falla y originó las primeras llamas que luego causaron un desastre en esa vivienda de Santa Lucía. El nene fue sacado por su tía cuando comenzaba el siniestro. La familia perdió muebles, artefactos, ropa y los 6.000 pesos que tenía para pagar deudas.
El nene de 4 años, de nombre Benjamín, parece que nunca se dio cuenta del peligro que corría. Cuando su tía entró a la cocina comedor el niño estaba viendo televisión y lo sacó de inmediato al descubrir que había humo en la habitación, relataron. Lo que vino después fue desesperación en esa propiedad de calle Neuquén al 2384 del Bº Bermejito, en cuyo fondo está la casa donde vivían desde hace 9 años Graciela Morandi, su esposo José Acosta y sus hijos Samira, Abril y Benjamín y que terminó destruida. Como ellos no tenían vivienda propia, la familia de Graciela les cedió ese lugar para que levantaran una cocina comedor, el baño y un dormitorio que era dividido en dos para que durmiera la pareja y los niños.
Acosta es repartidor desde que quedó sin trabajo en la mina Pascua Lama y Gabriela Morandi trabaja de empleada doméstica. Ayer en la mañana, los dos estaban trabajando y los niños más grandes en la escuela. Benjamín permanecía al cuidado de su tías en la vivienda de adelante, pero siempre se quedaba viendo televisión en su casa. Por eso le dejaron el caloventor prendido, pero claro, nadie sospechaba que el aparato iba a tener un desperfecto eléctrico y que se desataría un incendio.
‘El niño no me dijo nada. Yo fui a buscarlo y me lo traje ahí nomás cuando ví que había humo en la pieza’, relató Laura Morandi, la tía del pequeño. Eran las 11.30 cuando empezó el fuego. La mujer, otros familiares y los vecinos corrieron a sacar la heladera, el lavarropas y la cocina y algunos muebles, a la vez que intentaron apagar el fuego que en minutos fue incontrolable. Después arribaron los policías del Departamento Bomberos. Para cuando llegaron Graciela y su marido, el cuadro era tremendo. En la cocina comedor se les quemó un freezer, una computadora y muebles. El daño era mayor en el dormitorio donde hasta el techo se vino abajo. Ahí perdieron dos televisores, cuatro camas, placares con ropa y calzados, algunos que aún no pagaban. Incluso, perdieron la documentación de todos ellos y los 6.000 pesos que juntaban para pagar tarjetas y un préstamo.

